El Solitario M.C: Destrucción del Dogma

Fijación por el progreso. Una febril inquietud y trazas de enajenación transitoria bajo un aspecto cuidadosamente desarrapado. Cuando existe un prurito y se estimula con ilusión, el cerebro desarrolla nuevas cotas de raciocinio, imaginación y capacidad de trabajo por encima de lo normal. El cuerpo siempre seguirá cual fiel paje a una mente despierta, y a pesar de que su escudero no es Goliat, en la cabeza d David Borras habita un dragón de tres cabezas listo para devorar, digerir y escupir los restos de su zozobra. Mientras la lente sagaz de Kristina Fender inmortaliza la esencia del momento, ilustrando la andadura de El Solitario.

The Winning Loser

Era el 2010, la Winning Loser fue construida para un concurso, entre amigos, llamado Metamorfosis masiva, marcó el inicio de El Solitario tal y como lo conocemos hoy. Teníamos la necesidad de comunicar al mundo nuestra visión de la moto y su cultura, así como toda la parafernalia, ropa y accesorios que hacían de ella un modo de vida más que una afición. Tardamos tres maravillosos meses en llevarla a cabo, a ritmo de Megadeth. Siempre trabajando directamente sobre el metal, sin planos ni plantillas.winning-loser-1

Fue muy divertido. Eran tiempos de inocencia e ilusión para El Solitario. Poco o nada existía fuera de la transformación de las motos americanas y nos movíamos con el ímpetu y el coraje de aquellos aventureros que pisan tierra desconocida. La moto en sí, entre un mini Dragster y un pinchazo de antitetánica, enseñaba los dientes y sin que ni siquiera nosotros lo advirtiéramos marcaba el camino ideológico y estilístico de esta casa.

A su vez, en el laboratorio textil desarrollábamos el mejor Coverall jamás fabricado. Una prenda tan difícil como emocionante. The Bonneville Red Selvedge Coverall, con sus telas japonesas y fabricación a mano en Portugal, supuso un hito y el pistoletazo de salida en la carrera por la exclusividad y la elegancia de la moto, algo que no sucedía desde los gloriosos años 20, en los que la misma se concebía como un artículo de lujo y no un medio de transporte económico o un deporte de riesgo.

Cuando recuerdo estos años todavía añoro la claridad con la que actuábamos en aquellos tiempos. Éramos una tribu bajo una misión divina. Una auténtica apisonadora. No había dudas, únicamente camino hacia delante. A medida que maduras una idea, ese integrismo original se va desvaneciendo y caminas ineludiblemente hacia un mar de dudas. La idea orwelliana alrededor de la residencia de la fortaleza en la ignorancia cada día se haría más fuerte.

Baula

Pasado el test de la Winning Loser, en 2011 decidimos continuar con nuestra revolución conceptual de la moto. Tuvimos que pagar alguna novatada, como la Trimotoro, a la cual en casa cariñosamente llamamos la Kimura y no puedo. Mi admiración casi obsesiva por el trabajo de Shinya Kimura hizo que quisiera emularlo, rendirle tributo. Trimotoro resultó un calvario y no dábamos con la medida de su cintura. Abocados al infierno, no parábamos de hacerla saltar en pedazos para volver a construirla desde cero, ante los atónitos ojos de Ramón, su propietario.

Yo aprendí que jamás trataría de andar con los zapatos de otro. En el estudio se atisbaban los inicios del Rascal, un pantalón de cuero exclusivo para los más exigentes. El Rascal demostró al mundo que El Solitario iba en serio y que sabíamos hacerlo. Dio un paso adelante a la hora de expandir nuestra visión esteta y perspicaz de la moto, lejos de todo lo existente en los mercados.baula-1

Entremedias, encadenamos varias obras menores, como Gonzo, el Trio POP, Chupito o La Sal del Diablo. Todas algo anodinas en nuestra búsqueda, aunque no fuera así en las redes. Poco a poco nos  radicalizábamos y nada saciaba nuestro afán por romper con todo. Pero con la práctica y el tiempo, mientras alumbraba el fenómeno hater, empezamos a comprender que toda revolución se cobra sus bajas. Entretanto, en nuestro estudio la imaginación se hacía con el poder y en medio de todo este casino llegó Baula.

Al principio, concebida con modelos de cartón, ante nuestros más despiadados críticos (que somos nosotros mismos), constituyó la alternativa. Casi veinte meses de palos de ciego habían dado su fruto. Por aquel entonces ya habíamos descubierto que las coincidencias no existen y no son más que el producto de una extrema concentración y todas las horas del mundo. Por primera vez, estos novatos del lejano Oeste español habían conseguido en su garaje dotar de vida a un hierro inerte.

En Baula no existe ninguna línea definitoria. El caos es total, aunque la cohesión de su conjunto desprende una armonía celestial. La gran tortuga es tan extrema como utilizable y despierta ternura y delicadeza en el atento observador. Por supuesto, esta criatura entrañable de dos ruedas provocó la ira y el furor de los guardianes de la castidad motociclística, o como carajo se les quiera denominar a las hordas de incultos e intransigentes que pueblan el mundo de la moto.

Rompimos algún tabú o norma secreta con nuestra ansia de comunicación, y probamos el fuego del público iracundo. Estupefactos, tardamos un tiempo en recuperarnos, aunque sabíamos que ya no había vuelta atrás.

Petardo

El siguiente paso irreversible para El Solitario hacia la revolución lo dimos en 2012 con la construcción de Petardo. Hartos de modas y del maldito Cafe Racer 2.0, que ni es Café Racer ni es nada, decidimos navegar solos hacia la extrema de-construcción. En un proceso regulado por el oriundo Licor Café, que tantas satisfacciones y encuentros nos ha proporcionado, separamos y aislamos todos los elementos que componen una moto gorda. Una vez rota la tradicional amalgama, decidimos optar por lo mejor de cada casa para recomponer nuestra obra.

Botones de Supermarine Spitfire, instrumentación de coche de carreras, suspensiones al más alto nivel… Petardo está llena de venas y arterias que la hacen mortal y tiene un rostro de cíclope multiforme que la vuelve insólita. Un ciborg con mucha garra y un rugido maravillosamente ensordecedor. Fue la primera Solitario que se gestó en una pantalla de ordenador y también en coquetear con el mundo de la tecnología y las prestaciones. La ruptura con nuestro propio mundo fue total y trajo consigo todo tipo de consecuencias.peatrdo-1

El Solitario, desde su origen y denominación, se había gestado como una marca reaccionaria y algo nostálgica. Quizás era lo fácil y natural en aquellos tiempos en los que el hastío y descontento por la extensa regulación y control de nuestras vidas, por parte de las autoridades y demás entes de consumo, corrupción y gobierno, nos martilleaba el córtex cerebral.

Pero nuestras motos eran mucho más sinceras que todo aquello, y sin miedo, y por y para el arte llegaron a tener su propia voz. Una voz insolente y subversiva que hirió de muerte la capacidad de coexistir en un entorno regulado, incluso si dichas reglas eran las nuestras. Petardo quemó las naves y no dejó lugar alguno al que regresar. La dicotomía, casi esquizofrénica, que planteó en nuestra casa fue terrorífica y muy difícil de superar.

Una empresa necesita organización y rumbo, sobre todo cuando es tan pequeña y los recursos tan escasos como en El Solitario, y Petardo y su nueva voz caminaban en solitario hacia un nuevo lugar aún por descubrir. La aventura textil que nos acompañaba desde el año 1, a los mandos de Valeria, de repente reclamaba su posición mientras los hierros desafiaban el statu quo, galopando hacia la marcianidad®

Impostor

Pasó el tiempo y entonces apareció BMW Motorrad, un gigante despiadado en busca de legitimidad. Ellos sedujeron a El Solitario con su poderío e internacionalidad. Para el lanzamiento de su nueva R nine T querían un pedacito de nuestra esencia, pero sin saber realmente a lo que se iban a enfrentar. Era el 2013 y aquel monstruo (aún secreto y la piedra angular para toda la prensa mundial) llegó embalado a nuestro humilde hogar, con una hoja de ruta entre los dientes, la cual fue un verdadero placer ignorar.

Las ideas descabelladas se sucedían y no paraban de rondar, fantaseando qué destino debía tomar la próxima creación. De repente se hizo la paz, que viene a ser algo parecido a caminar desprevenido por el ojo del huracán. En estos momentos algo sabíamos ya, que lo nuestro era la creación de personajes en los que desarrollar nuestras fijaciones antropomórficas, por lo que todo fue coser y cantar.

Una vez despejado el concepto que deseábamos retratar, nos sumimos en el más profundo trance que hasta la fecha hayamos conseguido experimentar. Bajo el nombre de Impostor (anticipándonos a la reacción del público ante dicha colaboración), el próximo bicho El Solitario estaba destinado a reinar aunque fuese en los reinos del mal.

Las referencias empapelaban el estudio. Historias sobre viejos piratas, fotos del túnel del viento y numerosas estructuras metálicas amenazaban con hacerse realidad. Es maravilloso trabajar cuando la idea es clara. Impostor fue un camino en soledad en el que fuimos perdiendo cualquier lazo con la realidad. La bestia de metal se gestaba en el oscuro garaje ajena a la controversia que iba a desencadenar.impostor

La primera víctima fue la misma BMW Motorrad, que no era capaz de asimilar lo que acababa de acontecer. Asustados, a punto estuvieron de cancelar la operación cuando en Múnich su vicepresidente vio al monstruo listo para zarpar hacia Portland (USA), donde sería su presentación. Una vez en el avión, Impostor no cesó de asombrar y disgustar a todo aquel al que sus dogmas le hacían temblar. Después Alberto García-Alix la hizo inolvidable al constituirla como eje central de su último y maravilloso trabajo Moto.

La revista más grande del mundo sobre motos (la americana Cycle World) le dedicó un especial y la bautizó “The World’s Most Hated Motorcycle” en honor a los centenares de trols y demás que trataron de dilapidarla. Los chicos del festival de cine de San Sebastián la abrazaron como la imagen del festival y el espectáculo lo dio rugiendo sin matrícula por las calles de la ciudad hasta que la Policía amenazó con detenernos.

Habíamos creado un icono, para bien o para mal, y la resaca no se hizo esperar.

Big Bad Wolf

The impostor Syndrome (como le llamamos por aquí) fue duro de pelar. Habíamos tocado techo y estábamos quemados. El aburrimiento (el mayor pecado capital sin catalogar) apareció y nos palideció el rostro. Ya no teníamos ganas de enfrentarnos a la misma problemática procesal. Al tiempo, la otra parte de la empresa, cada día más aparatosa, demandaba más atención. Era hora de descansar en el garaje y trasladar las energías al estudio, donde se desarrollaba el diseño, producción y la parte comercial de la compañía, que al fin y al cabo era lo que nos daba de comer.

Y como dicen que el ojo del amo engorda el caballo, no podía ser de otra forma, pronto obtuvimos el mismo nivel de satisfacción y éxito en la creación de las colecciones propias que con las motos, incluso lo superamos, pues los retos eran mucho más complejos y dinámicos. Pero la ilusión y la fuerza para defenderte y pelear, o la tienes o no la tienes, y en el caso de El Solitario esta no se puede falsificar, por lo que pasaron los meses hasta que en el 2015, de manos de Shun Miyazawa, Yamaha nos pidió trabajar con ellos.snowquake

Casi dos años habían pasado desde el fenómeno Impostor, y las ganas de involucrarnos, con el gas a fondo, en la creación de un nuevo ejercicio con cara de bestia (algo que históricamente se nos daba bien) habían vuelto. Bajo las siglas BBW (Big Bad Wolf), iniciamos la transformación de una XJR1300. La moto llegó al garaje, pero no comunicaba nada. Su inmenso cuatro cilindros hacía que nos rechinaran las mandíbulas, tratando de encontrar el camino adecuado y salir ilesos.

No fue fácil, pero tras meses de frustración, seguida de la ya conocida desidia, el monstruo nos hizo la pregunta adecuada. ¿Qué era lo que más temíamos? Esta sería la clave para el desarrollo de BBW. Potencia y tecnología era la respuesta. Abrazarse al talón de Aquiles de esta compañía resultó ser más gratificante de lo que pensábamos, aunque nos hizo sumirnos entre arenas movedizas.

La elección de Mauro Abbadini, de Classic Co., como director técnico del proyecto fue providencial. Queríamos una moto que ganara carreras y además pudiera circular por carreteras civilizadas. Mauro con su experiencia aseguraba la viabilidad del proyecto y que se cumplieran todos nuestros deseos. BBW se presentó en las célebres carreras de Glemseck, en Alemania, y volvió con el trofeo a la más rápida entre los dientes.

¿Qué nos deparará el futuro? No lo sabe nadie, pero ahora mismo es un alivio y una satisfacción comprobar cómo hemos conseguido crear una empresa solvente y sólida, con voz propia, y con la que todo el mundo quiere colaborar, a partir del desarrollo de una idea por muchos calificada de locos. En cuanto a las motos de autor, que son aquellas de las que hemos hablado en este resumen, con BBW se ha cerrado un capítulo que puede que no volvamos nunca a abrir. En cambio, se ha abierto otro y es aquel de las carreras de locos que se celebran a lo largo y ancho del planeta.

Carreras en las que ganar no es lo primordial, sino pasarlo bien y tener algo que recordar. Carreras como Speedweek en Bonneville, los Dirt Track de los amigos de Sideburn o las pistas de Sprint de Glemseck y Wheels and Waves. Y, cómo no, en casa de El Solitario seguiremos disfrutando de los viajes y carreteras del mundo, al mismo tiempo que continuaremos explorando y ampliando los confines de la elegancia y la indumentaria y estilo de vida sobre ruedas.

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Intro: Borja Jiménez

Texto: David Borrás (El Solitario)

Imágenes: Kristina Fender



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