Indian Larry, el hombre que susurraba a las Chopper

Hay personajes influyentes por sus ideas, sus creaciones o su actitud. Seguramente muchos no hayan inventado la rueda en su sector, pero han abierto los ojos a un público cerrado en banda, han creado un estilo propio y han motivado a la gente para tomar unos valores y hacerlos suyos. Lawrence DeSmedt fue uno de esos tipos. Quizás por su nombre no sea conocido, pero cualquiera que haya tenido un mínimo de interés por la corriente Chopper sabe quién es Indian Larry, nombre tomado por la obsesión de este con la segunda marca en discordia en Estados Unidos. Y, sin duda, te guste o no este tipo de motos, sus choppers de la vieja escuela son dignos de admiración.

Nacido a finales de la década de los 40, Indian Larry se crió entre virutas de madera junto a sus dos hermanas pequeñas en el área de Nueva York. De padre carpintero y tremendamente estricto, su sino debería haber sido trabajar la madera, pero a él le interesaba otro tipo de oficio, le interesaba el acero, las formas sinuosas, el rugido de un motor, la gasolina.

Como pasa en numerosas ocasiones con personajes icónicos, la infancia de Indian Larry fue ajetreada cuanto menos. Una juventud así quizás te prepare para lo peor, o haga que valores las cosas de otra forma, forzándote a espabilar si quieres llegar a algo en la vida. Eso debió pensar tras los abusos sufridos en el colegio de monjas en el que estudiaba, o tras la explosión en el sótano de su casa en la que perdió el meñique de la mano izquierda mientras, según dicen las malas lenguas, manipulaba un explosivo destinado a su “querido” colegio.

Sea como fuere, lo que tenía como referencia en el punto de mira eran las creaciones de Ed Roth y todo lo que rodeaba a este. De ahí se entienden el tipo de pintura y el aspecto general de sus creaciones, altamente influenciado por el padre de Rat Fink y el universo Hot Rod de finales de los 50.

Con su primera moto, una Knucklehead del 39, comenzó la vorágine creativa que no abandonaría hasta el día de su muerte. Decidió trasladarse a California, donde residía su hermana y alma gemela, Diane, y donde pasó a conocer el lado de la droga de la peor manera, al otro lado de la aguja.

Su vida no fue fácil y esto forjó su carácter solitario. Los 70 llegaron con un huracán de problemas. Tras el asesinato de su hermana Diane y su vuelta al estado de Nueva York, el flirteo con el caballo blanco pasó a mayores y terminó en la prisión de Sing Sing como colofón a una persecución a tiro limpio con la policía, portando el botín de un banco.

Pero de todo se aprende y en la cárcel tuvo mucho tiempo para pensar y recalcular la ruta. Salió con el oficio de mecánica y soldadura llevado al siguiente nivel, lo que le allanó el camino para que en los 80 ya comenzase a publicar sus motos en revistas por todo el país. Indian Larry había nacido, pero aún tenía una lucha pendiente.

En el 91 decide ingresar en una clínica de desintoxicación y hasta finales de la década no dejará el alcohol por completo, momento en el que su nombre comenzará a sonar fuerte en la escena. Por entonces, conoce a su compañera, Andrea Bambi Cambridge, la que le servirá de apoyo emocional y con la que explorará el universo circense por el que sentía admiración. A finales de los 90, Larry tiene su negocio. Sus espectáculos de stunt cada vez tienen más seguidores y comienza a sentir que ha encontrado su sitio.

Temas personales a parte, Larry era un orfebre de la mecánica, un escultor del metal y un artista con la pistola de pintura. Tremendamente perfeccionista y meticuloso, las soldaduras a la vista las percibía como su impronta al mundo del arte mecánico. Sus creaciones eran extremadamente simples, no exhibían cable alguno, no existía nada superfluo, disponían de lo justo y necesario para circular. Se sentía a gusto haciendo Choppers, con mayúsculas, elevados a la máxima expresión.

Llantas delanteras en 21 pulgadas sin freno alguno, motores bicilíndricos americanos con décadas de desgaste devueltos a la vida como joyas con arranque a patada, cuadros rígidos artesanales, depósitos tipo Peanut, carburadores dobles, cuelgamonos y una pintura acorde con el resto de la moto. No hacía bocetos, construía instintivamente, sentía lo que tenía que hacer en cada momento tomando como referencia sus pensamientos, sus ideas, su pasión.

Personalmente, me impactó un capítulo de Biker Build Off, que vi allá por el 2005, en el que construía el chasis y una de las barras de la Springer delantera con cadenas. ¡La hostia! Además, llevaba un motor híbrido Panhead-Shovelhead y el sello personal de sus creaciones, una limpieza de líneas impecable.

En agosto de 2004, durante uno de sus espectáculos de stunt, celebrado en Concorde, como punto final a su viaje de la última edición del Biker Build Off en la que era participante, Larry pierde el control de su Greasy Monkey mientras hacía el Cristo encima del asiento y se golpea la cabeza contra el suelo, sin casco. Una pérdida trágica. Muere el personaje, nace el mito.

Texto: Borja Jiménez



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