DOUBLE DOWN: 1932 FORD Custom AWD


Fórmula 1, el lago salado de Bonneville y Ford T, un cóctel de estética, prestaciones e ingeniería aunando pasado y presente con un fin: ser un coche útil, conducible y con unas prestaciones estratosféricas, el Double Down es un Hot-Rod elevado a la enésima potencia.


Abrir cualquier página de internet y comenzar a ver Hot-Rods es un lujo al alcance de cualquiera que disponga de una conexión a internet y un mínimo de interés. Pero el hastío de ver una y otra vez lo mismo, con diferentes colores, accesorios o acabados, termina por dejarte un sabor de boca agridulce. La misma sensación que se te queda con 15 años cuando te vuelves a casa con un severo dolor en la zona inguinal tras pasar la tarde con tu amor platónico. Repetirás, no ha estado mal y si no hay otra cosa puede valer, pero en el fondo tienes la sensación de que tiene que haber algo que de verdad te corte la respiración, que te deje en shock al borde del delirio divagando. Para eso llega el Double Down.

Este Ford del ’32 no son caricias en el parque, es un polvo digno de cualquier escena de cine de la zona prohibida del videoclub. Acercas la vista para intentar discernir que estás viendo, teniendo presente en todo momento las ruedas de carreras, imponentes. Aquí hay más que estética, más que un agachado y pintura. Y esto corre, seguro. Inmediatamente pasa al top de los puntos de tu lista de deseos. Lo quieres, lo deseas, te imaginas bajándote de él. Y como tú, el 99.9% de la gente que lo ve. Metálico objeto de deseo.

Tras el coche se esconde un doble propósito: por una parte mostrar lo que es capaz de hacer en su taller Bryan Fuller, afamado constructor de coches y motos americano, y por otra crear un vehículo que pueda acaparar las miradas del SEMA pero esté principalmente diseñado para ser conducido. Y se ha lucido.

El Double Down está inspirado en los vehículos que participaban en Boneville en los 40, cuando eran lo más parecido a un avión de combate que podía verse a ras de suelo. Una carrocería completa en metal, aperturas de ventilación y multitud de tornillos y remaches a la vista junto con los enormes slicks Goodyear Eagle de 355mm en llantas de aluminio de 16” de Real Racing hacen que tenga un aspecto robusto, rudo, musculoso. Emana testosterona,  es el macho alfa.

Y debajo del capó no defrauda. Al viejo Ford le han trasplantado un motor Jon Kaase Boss 9 V8. Traducido al cristiano, un enorme V8 de 9.4L con una potencia de 825cv. La cascada de caballos bajo el pie derecho la negocia una transmisión G-Force manual de cinco velocidades que hará las delicias de los más puristas. Pero aún guarda un as debajo de la manga.

En la parte delantera, tras reponerte del shock inicial, hay algo que no cuadra. Por delante del radiador sobresale una transmisión. Además en la zona de los palieres delanteros hay más barras de lo normal. Efectivamente, este coche tiene tracción a las cuatro ruedas, algo que hasta la fabricación de este coche únicamente se había visto en el QuadraDeuce, un alarde de valentía e ingenio bajo una pintura con llamasy 596cvque revolucionó la escena en 1995 parando el cronómetro en el 0-100 km/h en 3.2 segundos. Para hacer posiblela transmisión de la potencia de la caja de cambios a cada rueda instalaron un diferencial medio GM NP de magnesio y sendas transmisiones de Winter’s para el frontal y la zaga.

Pocas veces se ven preparaciones como esta y alguien se hizo con ella en enero, cuando salió a subasta en Barret-Jackson. El precio, 144.100 $. Lo mismo que una casa de clase media, pero menos de la mitad que un Lamborghini Huracán. Cuestión de perspectiva. 

Texto: Borja Jiménez

Fotografía: Matthew Jones



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