Don Paco

Bultaco escribió con letras doradas la historia del motociclismo, en España, gracias a sus innovaciones tecnológicas y a la genialidad de su creador, que no solo dejó parte de su alma en sus motos, sino una profunda huella en su querida familia y en todos los que amamos las dos ruedas.

Detrás del característico dedo pulgar enhiesto, heredado de los tiempos de los césares y que conforma el logotipo de Bultaco, se esconde la historia de un gran hombre y su interminable saga. Un alférez de artillería, piloto de avioneta frustrado, que cuando volvió de la Guerra Civil se desvió del carril textil de su familia y de su fortuna para dedicarse a construir las motos que tanto amaba. Al mismo tiempo, daba el pistoletazo de salida a dos generaciones de aventureros y chiflados por la gasolina que han acabado compitiendo en todo lo que se les ha puesto por delante.

Francisco Javier Bultó Marqués, más conocido como Don Paco, inculcaba a los niños de su tan preciada familia, desde que eran muy pequeños, el olor a gasolina y el amor incondicional por las dos ruedas; prácticamente todos ya montaban en moto apenas después de aprender a caminar. Reunidos a menudo en la Masía San Antonio, en Vilanova i la Geltrú (Tarragona), dos docenas de primos, tíos y sobrinos disfrutaban del campo bajo la atenta mirada de Paco Bultó, siempre cubierto por su gorra a cuadros y siempre con un nieto sentado en el depósito.

El abuelo murió “de viejo” hace ya casi veinte años, a los ochenta y seis. Pero no su espíritu. Sin duda, el que fue uno de los nombres más importantes para la industria de la moto de campo amaba a partes iguales a su familia y a la marca que le dio la gloria en el motociclismo en nuestras fronteras y fuera de ellas, no sin mucho sacrificio y trabajo duro de por medio. Fue padre una docena de veces, de diez criaturas –cinco chicos y cinco chicas–, del cincuenta por ciento de Montesa y de su propia marca después, que creó el 17 de mayo de 1958 en Barcelona, el mismo día de su cumpleaños.

El sueño de Paco Bultó comenzó fabricando aros para émbolos, en una empresa llamada Barella y Bultó. Después conoció a Pedro Permanyer, un fabricante de gasógenos con el que fundó Montesa. Juntos llegaron a hacer prodigios: una Montesa Sprint estuvo a punto de ganar una de las carreras más auténticas del mundo, el Tourist Trophy. Quedaron segundos, terceros y quintos, con un motor de dos tiempos hasta entonces considerado “un motor para sacar agua de los pozos” por los propios ingleses, que apostaban por el clásico de cuatro tiempos. Don Paco creía que los dos tiempos iban a revolucionar el futuro inmediato de las motos… Y lo demostró.

Sus días en Montesa terminaron en 1958, cuando el consejo de administración decidiera abandonar la competición. “El mercado sigue a la bandera de cuadros” fue la máxima de un hombre enamorado de las carreras y de su marca, cuyo nombre, según una de las teorías existentes, se debe a la dirección telegráfica que utilizaba para comunicarse con su familia cuando viajaba al extranjero: Bultaco, una mezcla de Bultó y Paco.

En la Masía de San Antonio, al mismo tiempo que se instalaba su familia, se instalaba la fábrica desde cero, y junto a un equipo de ingenieros que le siguieron a su salida de Montesa comenzaba el diseño de la primera moto. Fue tal el entusiasmo en el proyecto que el primer prototipo estuvo acabado en solo cuatro meses. El 24 de marzo de 1959 se presentaba la versión definitiva: la Tralla 101. Solo tres semanas después disputaba su primera carrera en el mítico Circuito de Montjuïc.

Seleccionar los modelos más importantes de la historia de Bultaco es complicado, pero merece mención especial la familia Sherpa, cuya Sherpa T fue desarrollada con el piloto Sammy Miller. Otro modelo mítico de Bultaco es la Pursang. Con la MK2 empezaron a llenarse las vitrinas de títulos… aunque las altas prestaciones llegaron con la Bultaco Metralla. La evolución más salvaje de este modelo llegaría ya, en 1966, con la Metralla MK2, que montaba un motor de 250 cc con el que alcanzaba los 160 km/h de velocidad máxima, certificando ser la 250 de serie más rápida del mundo.

Con el Kit América ganó innumerables competiciones alrededor del mundo, como el TT de la isla de Man en categoría de producción en 1967. También son dignas de mención la Bultaco Matador o la Bultaco Frontera, adorada por los amantes del enduro. La última moto de la marca antes del cierre de la fábrica, en las Navidades del 79, fue la Bultaco Streaker, una deportiva sorprendente por algunas innovaciones técnicas que abrieron el camino a la competencia.

La crisis económica del petróleo arrasó con la economía familiar de Paco Bultó. La antigua propiedad de cien hectáreas hoy tiene solo doce, pero aún puede verse el pulgar en alto en la verja de entrada.

A lo largo de su historia, Bultaco no solo se convirtió en leyenda del mundo de la competición con nueve Campeonatos del Mundo, cuatro Campeonatos de Europa, once Campeonatos de España, siete Seis Días de Escocia y cinco récords mundiales de velocidad de larga distancia en su haber. También fue cuna de pilotos internacionales como Mike Hailwood, Jim Pomeroy, Sammy Miller, Jorge Martínez Aspar, Luigi Taveri, Ramón Torras, Barry Sheene, Sito Pons, Ángel Nieto, Don Rickman, John Grace, Carlos Cardús, Ralph Bryans, Ginger Molloy, Bernie Schreiber, Toni Elías o Salvador Cañellas.

El 17 de mayo de 2014, coincidiendo con el aniversario de la fundación de la marca y el nacimiento de su creador, Bultaco anunciaba su regreso para grata sorpresa de todos, gracias a un proyecto de fin de carrera de un grupo de estudiantes que acabó por hacerse realidad. La familia Bultó se involucró en la escritura de un nuevo capítulo en la historia de la marca de Don Paco Bultó gracias a una tecnología innovadora llamada BEDTS (Bultaco Electric Drive Train System). Así, tal y como ocurrió en el siglo XX, en el siglo XXI, Bultaco revoluciona el panorama por sus soluciones técnicas, que pasan por el desarrollo de tracciones eléctricas e híbridas y materiales ultraligeros.

Don Paco Bultó siempre decía que “lo ideal sería crear un motor de par constante, con la misma respuesta a cualquier régimen, para una moto sin cambio de marchas… como si tuviéramos un motor eléctrico”. Al final, desde donde quiera que esté, parece que lo ha vuelto a conseguir.

Texto: Noah Brat



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