Elefantentreffen, un cementerio de motos en la Selva Negra

Elefantentreffen, Krystall Rally, Primus Rally, … ¿Qué tienen las concentraciones de invierno que reúnen cada año a decenas de miles de aficionados? Imagínate: una medida de logística, entrenamiento y preparación, y mézclala con otra de temperaturas bajo cero, long distance riding y una dosis de montaña (o supervivencia). Conseguirás mantenerte entretenido durante meses, en lo mas cerrado del invierno.

El pasado enero visitamos la primero de las citas mencionadas, Elefantentreffen, que tuvo lugar entre los días 29 y 31 del pasado enero de 2016. Estuvimos en Loh/Thurmansbang-Solla, Bavaria, donde la concentración reúne a miles de motocicletas con sidecar cada año y donde se establece un campamento que pone a prueba la pericia y la resistencia de los pilotos con temperaturas que rondan los -10º sin problema. Llegar a la base en buenas condiciones desde cualquier punto del sur de Europa ya se considera una victoria.

Todo empezó en 1956 cuando el periodista alemán Ernst ‘Klaks’ Leverkus, fundador de la Federación Alemana de Motociclistas (BVDM), consiguió organizar la primera reunión de los Elefantes. Su notable influencia en la revista ’The Motorcycle’ y mas tarde su posición como editor del periódico motociclista ‘PS’ le granjeó la amistad y el poder de convocatoria de los conductores de las Zündapp KS750 sidecar, más conocidas como Elefanten y de aquellos excombatientes de la Segunda Guerra Mundial que a lomos de estas maquinas libraron sus batallas.

Más tarde, desde 1989, la Selva Negra de Bavaria,“Bayerischen Wald”, se convirtió en un imán para toneladas de hierro. Un particular cementerio de Elefantes para rendir homenaje a lo que a cada uno le parece. Unos  a sí mismos, otros, a los amigos perdidos en la carretera. Muchos van para poner a prueba su capacidad mientras que algún que otro abuelo recuerda a sus familiares y camaradas caídos en la Guerra.

Italianos, polacos , rusos, checos, húngaros, alemanes, españoles, irlandeses y británicos… todos peregrinan a Elefantentreffen de forma masiva, a este pequeño valle donde la gentes del pueblo y la organización se vuelcan con en este loco campamento. Más a un ejercito marchando hacía el frente ruso, que a una concentración de motos.

En el valle no encontrarás nada que tenga cuatro ruedas. A cada minuto, nos acercamos desde Múnich en una BMW GS100 sin modificar, con un sidecar hecho en Alemania y arranque a patada. Oliver Cerri, natural de Bormio en el Tirol Italiano, a pocos kilometros del impresionante Stelvio Pass, augura que esta será una ascensión sencilla. Ni siquiera le pondremos cadenas a la moto. Hay poca nieve, la que se aferra a las zonas de sombra. El frío es tolerable, pero al que le toca ir en el sidecar tiene que envolverse las piernas con el saco de dormir.

A 15 KM de Solla se nos rompe el cable del embrague por lo que se la visita al mecánico fue indispensable. Una hora y media después continuamos la marcha. El tráfico de motos es constante y una procesión de maquinas con sidecar, GS’s con matrículas italianas y una colección de construcciones caseras que están pensadas  para recorrer los eventos de invierno, nos preceden. Al subir hacia el campamento nos vamos dando cuenta de lo que significaría llegar a -15º y tener que enfrentarse a esta carretera.

Una vez en la cima, en Elefantentreffen, tomamos la decisión correcta de aparcar la moto en la carretera, y de no adentrarnos al valle sin hacer un reconocimiento previo. Barro. Todo esta impracticable. Los voluntarios mantienen el flujo de motocicletas constante en orden para evitar el colapso en la pista de bajada al valle, que a estas alturas es ya un tobogán de barro con una inclinación de unos 30 grados.

La primera impresión es que aquí todo vale. Scooters con sidecar, urales por todas partes, todas las GS de Italia, XT’s, y hasta una  zxr 1400 por una de las laderas del monte. En la base nos espera Werner con un grupo de 20 austriacos acampados desde el miércoles. Un espacio con paja seca de 40 cm de alto nos esperaba reservado para montar nuestro refugio: varias capas de aislamiento sobre el suelo de la tienda, dos sacos cada uno, y listos para explorar el campamento.

Ni que decir tiene que a los diez minutos de llegar,  Werner, al que habíamos conocido meses antes en el Ace Café, tendió una botella con tres cuartos de un brebaje negro; “agarrate a esto”, dijo.  Las laderas están cubiertas de  tiendas y motos hasta el fondo del valle. Donde los valientes, los capaces y los bastante perjudicados se tiran como lobos a dar vueltas en el barro. Quads y tractores liberan las motos que se entierran en el fango. La atención recae en la increíble hospitalidad y el genuino buen  rollo que hay en esta manada de salvajes en la que nos convertiremos un poco durante este fin de semana.

La interesante colección de motos y sidecars que no es habitual ver reunidas son un espectáculo en el ring de barro. Meter una Ural en el barro arrastrando una cuadriga a lo Ben-Hur, no es lo que esperamos  del tipico rally.

Llega el jueves y el sábado la despedida. Rodeado de mastodontes de hierro, entre gorros y abrigos de piel, con la satisfacción de haber sido capaz de llegar por ti mismo, ya sea en furgoneta, sidecar, dirt bike, electraglide o  rat scooter…Volveremos a Elefantentreffen.

Texto: Alber Noval

Imágenes: Alber Noval/Loormelotte



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