Fred Krugger, rey Midas

Hay pocas personas capaces de gestar en su cabeza un sinfín de intrincados laberintos de acero para construir un vehículo con un aspecto extremadamente limpio, elegante y prestacional. Pero los pocos que son capaces de hacerlo, lo que tocan lo convierten en Arte. Fred Krugger tiene el toque de Midas.

La panorámica del mundo es relativa para cada mirada, por suerte o por desgracia, no todos compartimos la misma visión espacial y percepción del entorno. A pesar de que la anatomía humana dota de unas capacidades cognitivas similares a toda la población al nacer, hay ciertos detalles, situaciones y experiencias que pueden amplificar el potencial oculto de cada uno. Es una ruleta con miles de números, sobre los que lanzar una bola y esperar a que el azar, destino o causalidad haga que se pose sobre la apuesta en la que confías. Pero hay veces que la bola cae en el cajeado correcto y emerge un vínculo brillante entre capacidad y obra.

En 2002, aparece Fred Krugger, un joven constructor belga, escoltado por un tributo a las motos de Board Track con una tecnología y componentes actualizados, la Racer, que le puso en el mapa. Afincado en un pequeño pueblo aislado del ajetreo de las grandes ciudades, desarrollaba lo que sería una serie de creaciones que darían la vuelta al mundo en páginas de publicaciones que se hacían eco de sus virguerías metálicas.

Su estilo estaba claro y se ha convertido en su impronta inconfundible: influencias del pasado, tributo a las líneas madre de los creadores y componentes y tecnología actuales para dotarlas de prestaciones y fiabilidad a la altura del exquisito trabajo de chapa. Sus primeras motos eran todas Harley-Davidson, con un panorama en el principio del siglo XXI en el que seguíamos aferrados a que la idea de moto personalizada iba esposada a la marca de Milwaukee, acotando el abanico de posibilidades a la imaginación.

Durante el siguiente año, comenzaría a acumular un palmarés que cada vez le alejaría más de su núcleo de trabajo para extender su visión de las dos ruedas. Con Maywood, volvió a recrear una vieja Harley-Davidson de principio de siglo actualizándola al presente y allanaría el camino para su primera incursión en USA, la Hot Climbing, uno de sus ases con el que consiguió ser subcampeón del mundo de constructores.

El sueño comenzaba a materializarse, pero no era suficiente. Trabajador constante y rápido en su desempeño, en 2010 dio con la tecla al crear Veon, una Custom con influencias del mundo del Cafe Racer, aún en letargo, y con un sistema de aire que permitía ajustar la altura para tener una Cruiser o una Cafe Racer. El conjunto dejó al jurado de Sturgis sin capacidad de duda: campeón del mundo del AMD.

Un galardón que premia las actitudes y aptitudes de una vida dedicada a una pasión es una responsabilidad con la que hay que lidiar a diario, pero no supuso un problema. De hecho, y a tenor de lo visto tras esto, la losa de responsabilidad la utilizó como banco de trabajo para emprender un camino paralelo. Era momento de dejar volar la creatividad en gran formato, restaurando por completo una vieja Chevrolet para su uso y disfrute. ¿El resultado? Espectacular.

Tras ella llegó Goodwood, un tanque de dos ruedas con unas proporciones exageradas para correr en Bonneville que enamoraba con rozarla con la mirada. Pero ya había probado el veneno de los coches y en los siguientes años decidió embarcarse en el proyecto de preparación de un Royale RP 16/9 de carreras y de un impresionante Hot Rod hecho a mano, el Rebellion, que no hubiera desentonado en el pabellón central del SEMA.

La evolución es constante e imparable, y el panorama del Custom comenzó a destilar olor europeo y nipón con la nueva oleada de Cafe Racer. Las marcas comenzaron a apostar por lo que antes parecía Custom “de segunda”, los constructores empezaban a poner ojitos a otras marcas y Krugger puso sus cartas sobre la mesa: Link. Una CB450, con el cilindro girado 180º y una estética sesentera de carreras con un trabajo inmaculado, que le valdría para alzarse con el Campeonato Europeo en 2013.

Link sembró lo que, personalmente y hasta la fecha, es su diamante: Nurb’s. Creó un entramado de tubos para albergar el 1600 de 6 cilindros bávaro, desproporcionadamente grande, y un sistema de dirección y suspensiones brillantes, aderezado con una carrocería con aires a los trenes de mercancías de los 40. Con ella volvió a coronarse campeón del mundo en 2014.

No hay duda de que, como el rey Midas, lo que toca Krugger lo convierte en un objeto de oscuro deseo. Es capaz de simplificar el total y amplificar el detalle, de bailar con pasado y presente y de tratar sus máquinas cual orfebre. Recientemente, se ha visto su última creación para Yard Built, una SR400, siguiendo con el estilo al que parece que le ha cogido el gusto. Seguiremos de cerca a este portento del diseño y la fabricación.

Texto: Borja Jiménez

Ilustración: Theo Suja



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