Kamen rider: el saltamontes justiciero

El referente lo buscaron en Norteamérica, y concretamente en la serie de El Llanero Solitario, que, con un éxito sin precedentes, estaba triunfando en la televisión. Su réplica japonesa fue tuneada a conciencia. Mantuvieron el color blanco de su indumentaria, pero le cambiaron el antifaz por unas gafas muy chic, el sombrero vaquero lo sustituyeron por un turbante y le arroparon también con una capa, en honor a Batman, el otro gran superhéroe del momento. Nació así Gekkō Kamen, el primer superhéroe televisivo japonés.

Los guionistas prescindieron del caballo de El Llanero y a Gekkō le subieron en una Harley-Davidson blanca —un claro guiño a sus fuentes— y, para que la industria de la moto japonesa no se enfadara, alternaba la Harley con una preparadísima Honda Dream Sports CS71. A esta no le faltaba detalle: paracaídas, pantalla de humo, lanzador de aceite y rayos ultrarrojos. Casi nada.

Por eso los malos se persignaban cuando escuchaban a Gekkō sentenciar con su célebre frase lapidatoria: “Has hecho daño al mundo, así que te las verás conmigo”, y encima en japonés, que suena más rotundo. Durante un año (1958-59) tuvo a muchos japoneses enganchados al televisor y a los 130 episodios de sus trepidantes aventuras, pero sus andanzas justicieras duraron poco. Su emisión tuvo que ser cancelada por la cantidad de niños “averiados” que acudían a urgencias.

Los niños japoneses tienen mucho peligro. De hecho, son los que se pegan las hostias más radicales en los vídeos caseros y los que sufren en mayor grado el telele de la consola, e imitando a Gekkō Kamen tuvieron sus serios percances. A buen seguro que a casi todos se les enredaba la capa en la rueda trasera de la bici.

Pero los superhéroes es lo que tienen, resucitan, y años más tarde renacía reconvertido en otro paladín motorizado. La combinación héroe-moto funcionaba y, en un país que a finales de los 60 tenía su industria motociclista despegando hasta el infinito y más allá, los guionistas lo tuvieron muy claro a la hora de desarrollar una nueva serie que enganchara. Acudieron al rescate de Gekkō Kamen, le quitaron el turbante y la problemática capa y le pusieron antenas, le quitaron el Gekkō y le pusieron un Rider. Sus intenciones, las mismas, combatir el mal sobre dos ruedas e impartir justicia y cates a partes iguales.

 

La vuelta de tuerca se la dieron con el aspecto de manga que le dieron a la serie. El protagonista era un cíborg que se convertía en saltamontes justiciero cuando se mosqueaba, y los malos eran directamente insectos malignos. No hacía falta que se mosquearan, nacían ya mosqueados. Todos montaban en moto y le daban al mango de lo lindo, tanto que, durante el rodaje de los primeros capítulos, el actor que protagonizaba Kamen Rider se empotró contra un poste de teléfono y estuvo 40 episodios de baja. Menos mal que encontraron saltamontes justicieros de recambio.

Kamen Rider se ha convertido en un clásico en Japón y, con altibajos y diferentes guionistas y tramas, se ha mantenido en cartel hasta hoy. En 2012 se celebraron los 40 años de la franquicia de Kamen Rider y su fama se ha extendido ya por toda Asia. Internet es un claro ejemplo de hasta dónde ha llegado la fiebre Kamen con una legión de friqui-seguidores y una Kamen Rider Wiki(pedia) donde consultar cualquier duda. Las motos que utilizaban Kamen, sus acólitos y los forajidos eran muchas y variadas. Muy ecológicas no eran. La Cyclone 1 de Kamen tenía un motor nuclear y podía alcanzar los 400 km/h con 600 CV. La 2 mejoró algo y marcó una velocidad punta de 500 km/h y una capacidad de salto de 50 m, digna de un saltamontes.

Suzuki, Yamaha y Honda se han involucrado de lleno en ceder modelos para la legión de motos que a lo largo de más de 40 años han ido saliendo en los diferentes capítulos, y hasta la española Gas Gas, transformó a conciencia su Pampera 250, para convertirla en la BeatChaser 2000. Todas ellas no tienen desperdicio y podían haber salido perfectamente de un acid-bike-show.

Y de lo que no cabe ninguna duda es de que, si los orígenes de la fiebre de transformar motos hay que buscarla en Japón, parte de la inspiración proviene de los posos dejados por los ingenieros tuneadores de las motos de Kamen Rider y compañía.

 

Texto: Pedro Mordt
Ilustración: Antonio Merinero

 



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