Hellion by One-up

Día cero después del holocausto nuclear, un paisaje desolador, todo absolutamente destruido, el instinto de supervivencia empuja a salir de la ciudad en ruinas lo más rápido posible. Una dura y potente moto de campo puede ser el vehículo adecuado, el sencillo motor de dos tiempos refrigerado por aire no debería dar problemas, y sus suspensiones de largo recorrido permiten afrontar sin miedo cualquier tipo de terreno.


Toda esta “película” se me vino a la cabeza la primera vez que vi la Hellion, una original preparación realizada a partir de una Yamaha WR500, la versión legal de la YZ de motocross. Su constructor es One-up, un pequeño taller situado en el estado de Arkansas, cuya cabeza visible es Taylor Art. Desde sus comienzos siempre han tratado de modificar motos poco utilizadas en la escena custom, pero esta vez han roto con todo creando una mestiza con mucho carácter.


La “civilización” de la Yamaha, si es que se puede hablar de este término, comenzó tratando de reducir la altura del conjunto. El primer paso se dio al reformar el subchasis, elaborando además un nuevo asiento con el mínimo espumado posible. Posteriormente, se retocaron las suspensiones para recortar su recorrido útil, y se montó una rueda delantera con un diámetro menor al de serie. Con todos estos cambios, se logra una moto apta para usar cualquiera que sea la talla del piloto.


El cambio en la rueda delantera también supone un beneficio en el manejo de la Hellion, haciéndola más nerviosa y, a la vez, más efectiva a la hora de trazar curvas enlazadas. Mientras, la buena distancia entre ejes, que proporciona el largo basculante, hace que también se comporte dignamente a altas velocidades. Por cierto, algo que podría resultar antinatural, y hasta una herejía en una moto de campo, como son los semimanillares, le sientan de película.


El propulsor se desmontó por completo, sustituyendo los elementos más sometidos a desgaste, y en el carburador original se montó un kit con nuevas agujas y surtidores, tratando de mejorar la finura de funcionamiento. En toda moto de dos tiempos el escape siempre es protagonista, en esta ocasión se ha empleado un precioso FMF cromado, forrado con cinta anticalórica en su parte inicial. Gracias al silencioso recortado, el sonido que emite no es precisamente amigable y civilizado

.El chasis se envió a una cura de rejuvenecimiento, siendo sustituidos los rodamientos en todos los puntos de giro, y recibiendo un acabado en pintura negra mate. La aleta delantera es también de color negro y tiene un tamaño mucho más pequeño de lo habitual en las motos de campo, mientras que la trasera, sencillamente, ha desaparecido. Debido a esto, la matrícula ahora se sitúa escondida debajo del asiento, una solución no demasiado legal, pero justificada por el beneficio estético.


Remarcando ese look desaliñado, encontramos dos piezas como el depósito de gasolina y el faro delantero. El primero, procedente de una vieja moto de enduro, se ha pintado en blanco, con su nombre escrito en letras que parecen sacadas de un cómic de Serie B. El segundo está formado por una batería de leds colocados sobre una placa de color negro y formas geométricas rectas. Todo un crisol de piezas que forman una moto divertida, dura y funcional.

Texto: Tony Soul

Fotos: Robert Crisp



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