Angel Nieto

Hasta siempre, Ángel Nieto. Gracias, Maestro

Ningún piloto español había sido campeón del mundo hasta que Ángel Nieto se subió a lo más alto del podio en 1969. No debía tener más de 15 o 16 años cuando el abuelo Rabasa le preguntó al aprendiz que barría el taller de la fábrica de Derbi, en Mollet, qué quería ser de mayor: “¡Campeón del mundo!”, contestó. Y cumplió su sueño, 12 veces + 1.

No es tarea fácil encontrar las palabras para despedirse de Ángel Nieto. Aún cuesta creer que se haya ido y cómo se ha ido, dejando huérfano al motociclismo español y el corazón devastado a su familia, amigos, integrantes del paddock y me atrevo a decir que a la gran mayoría de aficionados a las dos ruedas. El vacío es inmenso, su leyenda inmortal.

Todo un maestro dentro y fuera de las carreras. Su astucia, su tesón y su carisma le llevaron a cosechar un impresionante palmarés: 12+1 títulos mundiales (6 de 50 cc y 7 de 125 cc), 90 victorias en Grandes Premios y un total de 139 podios. Solo ha sido superado por el momento —y por poco— por su amigo Giacomo Agostini. Pero el de Ángel Nieto no fue un camino de rosas.

En los años cincuenta, los padres de Ángel deciden abandonar la humilde Zamora que les vio nacer y viajar a Madrid con sus seis hijos en busca de un futuro mejor. Fueron años duros y Ángel apenas era un crío, pero pronto aprendió que la bondad y el trabajo duro se recompensan con respeto.

En el barrio de Vallecas, donde se instaló la familia, se encontraba el taller de motos de Tomás Díaz-Valdés, un joven que trataba de salir adelante, como podía, tras la pérdida prematura de su padre. Ángel, el Niño, pasaba mucho tiempo allí. Se colaba siempre que podía y curioseaba tratando de empaparse de todo lo que hacían los mecánicos, a la vez que se ganaba el cariño de cuantos se cruzaban en su camino con una naturalidad pasmosa. Y a base de insistencia, se ganó un puesto como aprendiz. Aunque en su familia no había antecedentes… las motos le volvían loco.

Angel Nieto, campeon del mundo de motociclismo, fallece en Ibiza en agosto de 2017.

Por aquel entonces, el motociclismo se creía un deporte solo para verdaderos temerarios, apenas seguido en nuestro país y dominado por ingleses e italianos. Mientras ayudaba en el taller para llevar algo a casa, Ángel soñaba con pilotar algún día. Pudo hacer sus primeros pinitos con motos reparadas y, a los 13 años, falsificó un documento para poder participar en carreras de aficionados. Aunque se le daba bien, lo cierto es que parecía haber más futuro para el motociclismo en Barcelona que en Madrid, y Ángel no dudó en marcharse. Partió con lo puesto, no tenía dinero ni para comprarse una moto. Consiguió meterse en el bolsillo a Don Paco y trabajó en Bultaco, pero no por mucho tiempo. Con tan solo 16 años, ya sabía más de mecánica que muchos de los veteranos que trabajaban con él, y con 17, en mayo de 1964, debutaba en el Mundial a los mandos de una Derbi. Se trataba del GP de España, Barcelona, donde quedó en quinta posición. Ángel Nieto era pura pasión.

En febrero de 1965, firmó su primer contrato profesional con Ducati. Sin embargo, debió esperar a julio de 1969, de nuevo con una Derbi de 50 cc, para apuntarse, en Sachsenring, su primer triunfo mundialista (GP de la República Democrática de Alemania). Fue el primer español en hacerlo.

Entonces, el motociclismo se coló de lleno en las televisiones de nuestro país. Cuentan que creaba adicción verle correr, por la intriga que generaba con sus estrategias. Salía generalmente mal, “al empujón”, como se decía entonces, para luego remontar y, a ser posible, adelantar en la última curva de la última vuelta para hacerse con la victoria. Un verdadero genio siempre con un as en la manga (o una caja de herramientas que lanzar a la parrilla para retrasar la salida y mientras poder reparar el manillar de su moto antes de llevarse otro mundial). Las motos de Nieto eran pequeñas, pero él era enorme.

 

En 1972, consiguió el único doblete (50 cc y 125 cc) de su trayectoria. Tras romper su alianza con la principal fábrica española, Nieto corrió con otras marcas como Kreidler (1975), Bultaco (1976, 1977), Minarelli (1979, 1981) y Garelli (1982, 1983, 1984). En 1985, conquistó, sobre el asfalto de Le Mans, su último triunfo. La temporada siguiente se retiró. “Ya no disfruto y no creo que pueda volver a hacerlo. Incluso algunas veces me da miedo”, aseguró. Comenzaba entonces para Ángel una época como director técnico, empresario y comentarista, siempre cerca de los circuitos.

La generación de Ricardo Tormo, Jorge Martínez Aspar, Sito Pons, Emilio Alzamora o Crivillé tomó el relevo del Maestro. Poco a poco, las motos fueron creciendo y empoderando a los pilotos españoles en los circuitos de todo el mundo. 

Hoy, campeones como Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo o Marc Márquez beben del legado del Niño de Vallecas. Campeones que nos han brindado numerosos mundiales, sí. Pero siempre a rebufo de Ángel Nieto, el piloto que aprendió a volar antes que a correr.

Hasta siempre, Ángel. Gracias por tanto.

 

Texto: Irene Mendoza
Fotos: Óscar Haro, archivo



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