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Mao & Cathy y los orígenes de los tatuajes en España

Hubo un tiempo en que los tatuajes estaban reservados para las pieles de marineros, motoristas, rockeros y forajidos. Hoy cualquier mindundi de tres al cuarto tiene un tattoo de una letra china, un tribal e incluso algún que otro conejito playboy en algún rincón de su cuerpo. Pero todavía quedan quienes mantienen viva la esencia de los tatuajes originales con diseños propios que hacen de cada tattoo una pequeña obra maestra; estamos hablando de Mao & Cathy.

España no era país para tatuajes. Solo algunos convictos y algún marinero desmelenado portaban tinta en sus cuerpos. Pero la cosa empezó a cambiar allá por el año 1951 cuando la Sexta Flota de la Navy estadounidense arribó al puerto de Barcelona. Trajeron consigo mecheros Zippo, cigarrillos Camel, tejanos y rock and roll; pero no fue lo único, nos dejaron también la cultura del tatuaje. Desde entonces las trastiendas de las tabernas más conflictivas de la Ciudad Condal hacían las veces de estudios de tatuaje clandestinos. Muchas veces bastaba con tres agujas, un poco de tinta y mucho alcohol (para beber… y, sólo si fuese necesario, para desinfectar).

mao-tatuadorPoco a poco, de puerto en puerto, la cultura del tatuaje fue calando en la sociedad española hasta llegar a la vida del  joven Mao en la ciudad de Rota. Comenzó sus andanzas en el mundo del tatuaje a finales de los 70 en Suiza y las baleares, y en 1980 se lanzó a tatuar a marineros en Rota. Pero pronto se le quedó pequeña la ciudad y partió para Cartagena para seguir tatuando a marineros en el puerto. Hasta que un buen día apareció el fotógrafo de la Movida Madrileña García Alix, un auténtico amante del tatuaje que estaba decidido a convertir la subcultura del tattoo en toda una corriente artística.

No le costó mucho a García Alix convencer a Mao para que se trasladase a Madrid. Así en pleno barrio de Malasaña, en el epicentro de la Movida Madrileña nació el primer estudio de tattoo de España.

Es cierto que en los 90 la “democratización del tatuaje” ha terminado por desprestigiar el misticismo del oficio, pero ha traído infinidad de mejoras. Las técnicas son envidiables y el acervo del mundillo ha crecido de forma inesperada. Tanto que el factor artesanal se ha visto en peligro ante torres imimponentes con catálogos de diseños prefabricados que amenazaban con convertir la cultura del tatuaje en otro bien de consumo, buscando el tattoo de moda.

Por suerte la tendencia se ha invertido. En la actualidad, el tatuador ha pasado de artesano a artista gracias a los diseños originales. Puede que se haya perdido el misticismo de los tatuajes, pero siguen siendo una forma de grabar algo personal en nuestra propia piel, una vía para convertir al portador de un tatuaje en arte en sí mismo. Y eso, es lo que todavía hace Mao & Cathy en sus estudios de Madrid y Barcelona; y próximamente en la Expo del Tatuaje internacional de Barcelona. Quién le iba a decir a un muchacho de Rota que llegaría tan alto.

Texto: Diego Sánchez



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