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6 motos clásicas por las que perdíamos el culo en los 80. (1980-1984)

Si con las motos clásicas de los 70 muchos descubrimos el placer de montar en moto, las de los años 80 nos llevaron a otro nivel, a uno en el que se empezó a apreciar mucho más las prestaciones de las motos, como la potencia, la aceleración, la velocidad máxima, etc. Algo en lo que tuvieron mucho que ver la consolidación de las motos japonesas en Europa, que eran superiores tecnológicamente a las del viejo continente. Definitivamente la moto había dejado de ser un vehículo puramente funcional para convertirse en otro que además aportaba grandes dosis de entretenimiento y diversión. Entre algunas de esas primeras motos de los 80 que a más de uno dejaron mudo destacamos las siguientes:

BMW R80 G/S

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Quién diría que la BMW R80 G/S se convertiría en la gran referencia entre las motos trail de gran cilindrada en los 80. Hubo a quien se les llenó la boca en decir que una moto tan pesada no podía funcionar bien fuera del asfalto. ¡Pues toma! Campeona del Dakar en 1981, 1983 y 1984, ahora vas y lo cascas. Su motor bóxer, el enorme depósito que montaba o un basculante trasero monobrazo con un solo amortiguador al lado derecho eran tan solo algunas de las señas de identidad que hacían inconfundible a este modelo. Era una moto simple, robusta y para muchos la mejor BMW de carretera de esta década, una moto que a día de hoy sigue teniendo numerosos adeptos.

Suzuki Katana

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Si hay una moto que captó la atención a principios de los 80, esa fue sin duda la Suzuki Katana. Sus afiladas líneas futuristas dejaron a más de uno con la boca abierta, por no hablar de una mecánica brillante, un chasis y parte ciclo de primer nivel y unas prestaciones intachables. Era algo cara sí, pero tanta exquisitez bien lo valía. Tal fue su éxito, que tras fabricarse de 1980 a 1985, Suzuki decidió en 1991 volver a producir 200 unidades más en una edición especial de la 1100, las cuales se vendieron el mismo día que salieron a la venta.

Yamaha RD500

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En una década en la que cada vez nos fijábamos más en las motos mundialistas, las grandes marcas japonesas decidieron empezar a realizar réplicas de calle de éstas. Así, Yamaha presentó en 1984 la RD500, una moto de 2 tiempos de 500cc que simulaba a la YZR de Kenny Roberts “el Marciano”. Más de 30 años después la música de sus cuatro tubos de escape sigue erizando el vello a quienes tienen la suerte de escucharla.

BMW K100

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A pesar del incuestionable éxito cosechado por la BMW R80 G/S, las motos con motor boxes comenzaban a quedarse algo desfasadas respecto a la competencia asiática, por ello y para recuperar el terreno perdido en el mercado de las grandes cilindradas, la firma bávara se puso a trabajar de inmediato en una moto completamente nueva, la K100. Dicho modelo se empezó a comercializar en 1983 en tres versiones, una básica, otra con vocación deportiva y otra orientada al gran turismo. Desde luego era una moto muy funcional, cómoda y bien terminada. Como sello de identidad destacaba su motor de cuatro cilindros en línea y el bloque motor paralelo al suelo.

Honda CX 500TC 

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No podemos dejar de hablar de las motos turbo que, aunque no fueron tan populares y tuvieron una vida efímera, dejaron su sello dentro de la historia de la moto. La Honda CX500 lanzada en 1981 fue la primera en implantar el turbo en los 80, incrementando la potencia del motor de una V-Twin en un 60% (ya en los años 30 y 40 habían existido motos sobrealimentadas). Se vendía como una moto cómoda, rápida y eso sí, algo cara. Fue la primera moto del mundo equipada con inyección electrónica y elementos como el diseño de su semicarenado hacían que no pasase inadvertida allí por donde pasaba. Una pena que presentase algunas deficiencias respecto a otras turbo que salieron en los años posteriores.

Kawasaki GPZ 900R “Ninja”

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Para acabar, hablamos de la Kawasaki GPZ 900R “Ninja”, la primera de una de las sagas más exitosas de la historia de la moto. En 1984 y tras un largo desarrollo se empieza a comercializar. Estaba un paso por delante a sus rivales, su avanzada tecnología y las elevadas prestaciones de su motor le permitían desarrollar 115 CV, una  locura para la época. Se dice que sentó las bases de los propulsores de las superbikes japonesas actuales. Sin duda su estética deportiva enamoraba a primera vista y solo deseabas subirte en ella y probarla.

En la próxima entrega de motos clásicas de los 80 hablaremos de máquinas fabricadas entre 1985 y 1989. ¿Alguna propuesta?

Texto: Christian González



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