Mutantes en Burning Man

“Un vehículo mutante es una creación motorizada única que no tiene similitud alguna con su versión original o con cualquier vehículo de calle. Los vehículos mutantes son radicalmente, sorprendentemente y permanentemente modificados respecto a su base original. A veces están construidos desde cero por completo. Pueden ser formas motorizadas en forma de muebles, vehículos no terrestres, como aviones o barcos, o cualquier cosa imaginable. Por razones de seguridad, no imitarán ningún vehículo de emergencia o de servicios…”

Esta es más o menos la descripción que la organización del festival Burning Man hace de los increíbles mutantes, delirios sobre ruedas o cualquier medio que les permita rodar durante la celebración del festival más creativo del mundo.Sería fácil describir el Burning Man con una palabra, dependiendo de tu punto de vista o de si alguna vez estuviste por allí. Para muchos es una locura, otros dirían que es creatividad pura, libertad dirían otros. Lo que está claro es que el Festival, con mayúscula, no deja indiferente a nadie. Creado en 1986, por Larry Harvey y Jerry James, en San Francisco, en un principio no era más que una especie de Noche de San Juan a la americana, un lugar donde quemar simbólicamente todo lo malo, una purificación.

Resumiendo, el tema se les fue un “poquito” de las manos y decidieron trasladar la reunión (todavía no era un festival) al desierto de Nevada, un lugar donde ni el fuego ni los vecinos pudiesen ser un problema. La popularidad del evento crece exponencialmente y hoy en día son más de 60 000 personas las que, durante más de una semana, se reúnen en el campamento de Black Rock City, nombre que se le ha dado a una pequeña ciudad perfectamente autogestionada que se rige por los 10 principios, una suerte de ley basada en la lógica, el respeto y la conciencia de estar donde estás.

El medio de transporte favorito en el Burning Man es la bicicleta. La proliferación de todo tipo de artefactos obligó a la organización a imponer un control, bastante escueto pero preciso, de lo que se podía hacer circular por allí. Los “coches” no deben en ningún momento superar la velocidad de una bicicleta y deben tener siempre en cuenta que los extraños, los forasteros allí son ellos. Eso sí, olvidad lo que conocéis como coche; nada allí es normal. Desde esculturas móviles que se propulsan por energía eólica a recreaciones de animales lisérgicos, en el desierto de BRC se puede ver un despliegue de ingenio e ingeniería que dejaría a más de un diseñador de postín boquiabierto.

Poco queda que decir que no veáis en las fantásticas fotos de Alex Lier, colaboradora de lujo en Revival Four Wheels.

Texto: Adolfo Calles

Fotos: Alex Lier



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