Old Custom Flames, Kickstart my heart

Así se llama una de las creaciones del taller y, acaso, ¿no lo resume todo? La moto es algo más que un motor rodeado de tecnología. Una sensación que alcanzar a través del acelerador.

A patada “las cosas de siempre funcionaban”. En una época anterior al ABS, donde no existía un cerebro electrónico que impusiera su criterio, la moto era “un motor, un chasis, dos ruedas y dos frenos”. Ricky C. López lucha cada día por respetar esa esencia, la de siempre, en cada una de las motocicletas a las que da vida en Old Custom Flames. “Desde que pongo la mano sobre el chasis hasta la última capa de barniz”. Ricky persigue alcanzar ese sentimiento a través del acelerador.
“Una motocicleta es algo más que un motor rodeado de tecnología”. Es una vibración tan cercana a tu cuerpo que te conecta al asfalto. Siempre es distinta según el año del bloque, de sus carburadores, de la compresión y hasta del sistema de arranque, pero nos lleva al mismo punto. Codiciamos esa sensación que solo conocen aquellos que montan un hierro a más de cien por hora.
El método de Old Custom Flames es el de la vieja escuela: manual y artesanal. “Para mí significa satisfacción plena”, confiesa Ricky. El nombre queda claro entonces, “no se entiende el custom sin llamas, sin fuego”.
Ricky vive en Marbella desde hace veinticuatro años, pero no siempre fue así. Este madrileño comprendió que “hay que luchar según lo que dicta tu corazón, no buscar un mejor futuro por estabilidad o comodidad”. El poder convertir una pasión en tu medio de vida es un privilegio al alcance de no muchos y el custom en aquel momento bullía en la ciudad. Había que tomar la oportunidad.
Sin embargo, trastocar tu mundo para perseguir tu sueño es complicado. Por un lado, trabajar en aquello en lo que tienes afición hace que desconectar sea un camino pedregoso. “Da demasiadas vueltas en la cama pensando en el último proyecto. Es un enfermo mental”, bromea Alexandra, su novia desde la tierna adolescencia y su mujer en la madurez.
Detrás de un gran hombre hay una gran mujer y, en el caso de Ricky, esa es Sandra. “Llevamos juntos desde muy pequeños. Las motos han formado parte de nuestra relación”. Podría decirse que la grasa y el aceite forman parte de esta pareja que gobierna el timón del taller.
“España es un mar de zozobras para la moto y el custom”, comenta Ricky. “Los requisitos de homologación y las pruebas convierten este oficio en una penuria en la que cada día te planteas si debes seguir fiel”. “Somos artistas y emprendedores. He querido hacer de mi trabajo algo importante pero me he llegado a sentir como un extraño en mi país”, se apena Ricky, que tiene claro cómo el apoyo de la compañera de su vida ha sido imprescindible para que Old Custom Flames sea lo que es hoy: entre muchos otros títulos, ganadora del Campeonato de España de Constructores 2015. “Fue un honor y un orgullo ganar aquel campeonato. Es un certamen muy estricto”.
Los años pasan y con ellos cambia la tendencia, pero no en casa de Ricky. El taller se mueve entre Harley-Davidson, una de las pocas marcas con toda una industria de piezas y recambios detrás para traer de vuelta a “estos dinosaurios”. Sus motores se basan en la potencia bruta y una gran estética mecánica. “Procuro trabajar con los motores más antiguos que puedo porque me apasiona la intrahistoria que conlleva, las batallas que haya podido sufrir y las vidas que lo hayan acompañado”.
Old Custom Flames es algo más que un taller o una marca de motocicletas con regusto Old School. Son vidas con una misma visión que a lo largo de los años han apostado por lo que dictó su corazón: un custom puro que rinda tributo a la tradición, nada de cerebros electrónicos.

Texto: Enrique Alpuente

Fotografía: Old Custom Flames



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