On the Road: Toscana

Cuando imaginas tu viaje ideal algunos pensarán en hotelazo de lujo con playa privada y relax absoluto. Y la idea no está mal, pero si eres un culo inquieto, te va la aventura y además adoras el asfalto puede que lo tuyo sea una ruta en moto por la Toscana. Gastronomía, Historia, Arte y curvas interminables hacen de este paraje el lugar idílico para los amantes de las dos ruedas.

La elección de la moto estaba clara, no podía ser otra que una Ducati. El viaje se iba a desarrollar en carreteras secundarias, por tanto, una moto ligera que se moviera bien por pistas sería la opción ideal. La nueva vertiente Ducati no iba a defraudar en este sentido y se comportó como cabía esperar. La Scrambler iba además equipada con unas alforjas especialmente diseñadas por Ducati que iban perfectas para una escapada de este tipo en el que también contamos con los cascos Seventyfive de DMD.

Comenzamos la aventura en la histórica ciudad de Bolonia, ciudad que acoge la fábrica y el museo de nuestra montura y que no podíamos dejar de visitar. Poder admirar y escuchar de primera mano con una visita guiada la historia de aquellas motos campeonas fue todo un lujazo.

Nuestra siguiente parada no podía ser otra más que Florencia, la bien llamada “ciudad del arte”, capital de la región y cuna del Renacimiento. Dominada por los Médici durante generaciones, estos banqueros papales supieron atrapar la genialidad de talentos como Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci y Botticelli, cuyas obras están repartidas por toda la ciudad.

Como era de esperar, su casco histórico, Patrimonio de la Humanidad, tiene el paso limitado a vehículos, aunque se pueden ver infinidad de motos aparcadas en sus calles, transporte favorito de los italianos como pudimos observar en todo el recorrido. Además, una de las grandes ventajas de ir en dos ruedas es que el aparcamiento es mucho más fácil de encontrar y además es gratuito, así que no tuvimos problema en este sentido.

Visita obligada al tener transporte propio es la plaza Michelangelo, donde hay unas vistas fabulosas de la ciudad.

Pero la Toscana es mucho más que Florencia. Todos y cada uno de sus pueblos son joyas arquitectónicas, enclavados en colinas, viven el paso de los años sin perder un ápice de fastuosidad.

Desde Florencia seguimos camino atravesando la región de Chianti. La carretera es perfecta y las vistas increíbles. Es difícil no pararse a cada momento para disfrutar de sus parajes salpicados de viñedos y olivos.

No podemos seguir la ruta sin hacer parada en la singular aldea fortificada de Montefioralle , sus calles, que son parte del castillo, permanecen intactas y sus muros están entre los más antiguos de la región. El pueblo se ve enseguida y ya tenemos ganas de seguir maravillándonos con el valle y con la sensación de libertad que nos ofrece nuestro transporte.

Llegamos a la tranquila Asciano, donde cenamos la mejor pizza de toda Italia y descansamos, mañana nos espera otro día de aventura.

Nos levantamos temprano para aprovechar bien la mañana, en octubre ya refresca y en la moto necesitas utilizar ropa de abrigo. Recorremos millas admirando los cipreses que protegen los caminos que llevan a las casas solariegas y llegamos a Montepulciano casi sin darnos cuenta. Como siempre, la moto se queda fuera de la ciudad, ya que el paso es limitado y toca cargar con los cascos y mochila, pero merece la pena cada minuto en sus calles empedradas.

La ciudad es conocida por acoger el rodaje de la película The Twilight y está enclavada en una colina con unas bellísimas vistas panorámicas. Aunque esto va a ser la tendencia en todos los pueblos de la región. Los etruscos hicieron bien su trabajo, este pueblo tan avanzado cambió el rostro de la Italia central a través de su uso de la irrigación para conquistar tierras que anteriormente no eran cultivables, y por su costumbre de erigir ciudades en fuertes sobre colinas de fácil defensa.

Pero todo el valle de Orcia es un placer para los sentidos, una explosión de colores. Por supuesto, es una de las comarcas más bellas en la Toscana y, aunque conjuga un pequeño territorio, todos sus atractivos han hecho que la zona sea incluida en el Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO.

Siguiendo carretera, nos encontramos con otra ciudad amurallada. Pienza, lugar de nacimiento del papa Pío II, que se encargó de reconstruir la ciudad de acuerdo a sus ideales renacentistas, es un ejemplo de maravilla urbanística.

No dejes de probar el Pecorino de Pienza, un queso de sabor exquisito, con una receta de hace varios miles de años que se prepara con hierbas aromáticas.

Continuamos por la región, regalando a nuestra vista las grandes extensiones de terreno cultivable. Decidimos seguir la ruta que va desde Quirico d’Orcia a Bagno Vignoni, el trayecto es corto, la carretera perfecta y poder admirar la poza gigante de aguas termales que hay justo en el centro del pequeño pueblo de Bagno Vignoni merece la pena.

Es posible que la primavera sea la mejor época para viajar a la Toscana. Los maravillosos colores de sus paisajes, las horas de luz, el agradable clima y los extensísimos campos de trigo y girasoles que se pierden con la mirada son el principal motivo. En octubre encontrarás las cosechas recogidas y los campos arados, pero la ventaja de viajar en esta época es que coincide con la vendimia, la recogida de la uva, y si te encantan las setas y trufas como a mí, disfrutarás muchísimo, ya que son abundantes en esta temporada y forman parte del menú en muchos restaurantes.

Así que después de una larga jornada y exhaustos con tantas horas de viaje encima, llegamos a Montalcino. ¿Hay algo mejor que un plato de pasta fresca con boletus y trufa para acabar el día? Sí… eso pensaba yo, por supuesto, no podíamos dejar de probar los caldos de la zona, el famoso vino Brunello di Montalcino es una delicia para el paladar.

Después de un desayuno perfecto con productos locales y con las pilas cargadas, retomamos viaje camino a Siena. Los paisajes siguen siendo espectaculares y las carreteras se convierten en pistas sin asfaltar, consiguiendo que el viaje se ponga más interesante si cabe. Es bonito perderse de vez en cuando, sobre todo si el lugar es idílico, pero un GPS es indispensable si no quieres acabar el día mirando mapas.

Llegamos a Siena con buen ritmo en hora y media, dispuestos a recorrer sus calles. Lo primero que nos llama la atención son las continuas estatuas y otras obras de arte que representan a una loba amamantando a los gemelos Rómulo y Remo. Pueden verse por todo Siena y descubrimos que es el emblema característico de la ciudad. Y es que, según una antigua leyenda, Siena fue fundada por Asquio y Senio, hijos de Remo (hermano de Rómulo, mítico fundador de Roma). Por lo demás, tiene todo el encanto de una ciudad medieval declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Seguimos camino hacia San Gimignano, famoso por sus torres medievales tan bien conservadas.

Llegamos al atardecer a nuestro destino con buen ánimo. Esta vez dormiremos dentro del casco histórico y la moto no será un problema porque hay establecimientos que disponen de finca privada para resguardarla. Permanecer dentro de la muralla tiene todo el encanto de estar viviendo en un antiguo convento o en una torre del siglo XII. El lugar es como realizar un viaje al pasado.

En los pueblos amurallados toscanos de la época medieval las familias adineradas competían entre sí por la erección de torres más altas, que simbolizaban más poder y riqueza. Hoy en día, estas mismas torres (se conservan trece) se utilizan en muchos casos como hostales.

Y para cenar, prueba una degustación de fiambres y quesos locales aderezados con miel de trufa negra, tomates y berenjenas encurtidas en aceite, y todo acompañado de una copita de vino blanco. Te irás a dormir con un regusto a especies en el paladar que te sorprenderá.

Con pocas ganas de marcharnos de esta bella localidad, retomamos la carretera.

Volterra es el último pueblo a visitar y el fin del viaje. Famosa en los últimos años por su incursión en los libros de vampiros de Crepúsculo, fue capital etrusca, aunque los romanos también dejaron su huella con su fantástico anfiteatro. Numerosas tiendas de alabastro recorren la localidad y hasta puedes ver cómo trabajan los artesanos si paseas por sus estrechas y enredadas calles, donde se pueden encontrar testimonios de varias épocas (desde la edad de los etruscos hasta nuestros días).

La semana no da para más y, aunque nos quedaron muchos sitios por el camino, nos vamos con la esperanza de poder volver algún día no muy lejano y retomar caminos sin recorrer para volver a perdernos de nuevo por esa región mágica llamada la Toscana.

Texto y fotografía: Noela Penabad



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