El retorno del vanning

“Me and you and a dog named Boo” es más que una canción, es el himno de una época, la de los boomers. El artista Lobo escribió la letra, en 1971, reflejando el sentir de la generación que tomó el testigo a los famosos hippies. Heredaron las libertades, la liberalización de la mujer, el sentimiento de trabajar para vivir y no de vivir para trabajar, disfrutaron de la revolución sexual… ¡Qué buena época para vivir y ser joven! Puede que los hippies se hubiesen ido pero la búsqueda de la libertad individual permaneció impasible para los boomers. No tenían recursos, al igual que sus predecesores, por lo que optaron por una solución low cost para disfrutar de su libre albedrío. Así llegó el boom de las vans, casas sobre ruedas a medida para sus huéspedes, que solo querían viajar y vivir sin preocupaciones, acudiendo al himno vanning de Lobo “travellin’ and living’ off the land”.

Los setenta fueron una buena década para el vanning. No existían las minivans y sus hermanas mayores las vans todavía estaban sin domar. Era una década antes de que estos magníficos vehículos fueran domesticados y castrados a manos de familias pijoteras.

Por aquel entonces, sus fanáticos, los vanners, dotaban a sus caravanas de un aire propio. Si uno elige la ropa que se pone todos los días para definir su estilo, ¿por qué no iba a adecuar su van a su modo de vida? No eran simples vehículos. En principio, cualquier van espaciosa les servía, las favoritas eran la , pero no faltaban las Chrysler, las Ford e-Series o las Volkswagen Eurovan años más tarde.

Hay quienes se conformaban con una low top y dejaban el alto de la furgoneta de serie, pero los más ambiciosos ampliaban los techos para disfrutar de una high top más espaciosa. Sin embargo, lo verdaderamente importante era que tuviese un mural único pintado con aerógrafo en los laterales y que cupiese un buen colchón en la parte de atrás para dar rienda suelta a la libido de sus ocupantes.

No tardaron en popularizarse las concentraciones de vanners por todo el territorio estadounidense. La mayoría eran algo caóticas, pero daba igual. Uno cogía su van y se plantaba en el National Truck-in de manera improvisada con la única perspectiva de pasar un buen rato entre sexo, drogas y buena compañía. Los eventos empezaron a proliferar y no se tardó en fundar la National Street Van Association, en 1974, todavía activa hoy en día.

El movimiento del vanning nació con el corazón puro. Sus grandes figuras, como Dan A. Welsh, solo querían disfrutar con su casa a cuestas. Coger la tabla de surf, la van y carretera… Nada más. Pero al capitalismo estadounidense no se le pasa una y donde ve negocio, pone el ojo. Gobierno y General Motors no tardaron en asociarse. Las medidas de seguridad y las subidas de los precios de las vans comenzaron a hacer mella en el vanning. La macroindustria del motor estadounidense empezó a vender furgonetas a familias “camping y fin de semana”. Habían matado el espíritu del buen vanner.

En los ochenta, el interior de las vans se volvió más lujoso: asientos acolchados, molduras de madera, iluminación, televisores, cocinas… ¿Dónde estaba la precariedad tan propia de los orígenes? La crisis del petróleo y el auge de los SUV y las minivans terminaron por dar la puntilla al movimiento.

Pero bicho malo nunca muere, como dice el refrán. Los auténticos vanners resistieron, y pasaron la afición de padres a hijos, que heredaban Chevys viejas como si fuesen auténticas joyas de coleccionista. Así es como la comunidad se mantuvo viva y hoy vuelve a resurgir. La historia de Jason () es una de tantas, de un joven que se convirtió en vanner. Su abuelo le llevaba en su autocaravana de camping, iba con su mejor amigo de fiesta en fiesta en una antigua Chevy y no tardó en hacerse con una propia. Una flamante Chevy G30 4×4 de 1976 con nevera, cama plegable, moqueta y, cómo no, la pintura aerografiada original. Se apuntó a un van club y asiste a van shows y roadtrips siempre que tiene oportunidad. Su furgoneta forma parte de su vida.

Pequeñas historias como estas han mantenido vivo el vanning a través de revistas y foros como Rolling Heavy Magazine, Custom Vanner o The Stabbin Cabin Co., entre otros muchos. Lejos quedan los eventos caóticos de los inicios, ahora los vanners acuden al Desert Generator, un evento mucho más rad, como nos dice Jason. Con concursos, música en directo, camping… pero lo que no ha cambiado son las ganas de pasárselo bien. Poco importa que tengas una Sport Mobile E250 de 2001, una Chevrolet Express/GMC Savana o una de las míticas. Solo se requieren las ganas de disfrutar de tu van, de hacerla tuya. Porque no, amigos, el vanning no ha muerto, está muy vivo.

“Me and you and a dog named Boo,

travellin’ and livin’ off the land.

Me and you and a dog named Boo,

how I love being a free man”.

 

Texto: Diego S. Rubio
Fotos: Jason Forman

 



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