Rock y Motocicletas, un matrimonio de los de antes

No todos los rockeros son moteros, ni todos los moteros, rockeros. No obstante, en muchos de nosotros si converge esta condición aunque puede que la mayoría no sepa ni el porqué. Si te apasiona cualquiera de las dos, tarde o temprano comienzas a sentir el magnetismo de la otra. Es una atracción irresistible, una simbiosis necesaria.

Si se piensa en las motos y en el Rock & Roll, uno encuentra el concepto inherente fundamental a ambas: La Rebeldía. En el imaginario popular ha calado hondo que los moteros son tipos peligrosos, amantes del riff y la batería, forajidos de la ley, rebeldes. No siempre fue así y la culpa de esa asociación…. la tienen los moteros.

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Una de las primeras motos digna de llamarse así fue creada en 1903 de la mano de Bill Harley y los hermanos Davidson. En los años posteriores a ese hecho, entraron en competición con Indian y Excelsior. Desde ese momento las motos fueron evolucionando y con ellas los hombres y mujeres que poco a poco pasaron a convertirse en motoristas, tipos corrientes que encontraron Pasión en lo que debería haber sido tan solo una herramienta para el desplazamiento. En esas décadas no había nacido el Rock todavía pero ya despuntaban los valores que iban a compartir.

Tras la IIª Guerra Mundial comenzaron a definirse el esbozo de lo que hoy son los clubes moteros, todavía sin el matiz del peligro. La asociación motera más grande por 1947 era la American Motorcycle Association (AMA) con más de 4.000 miembros; un buen puñado de apasionados de las dos ruedas que comenzaron a influir en las subculturas juveniles de la época. Los jóvenes que tenían unos cuantos dólares no dudaban en comprarse la típica Harley-Davidson WLA45, las flathead, para alistarse en uno de los incipientes clubs: Jackrabbits, 13 Rebels, los Yellow Jackets… Inofensivos hasta que el alcohol corría por sus gaznates.

En este momento llegó el punto crítico; al Rock le quedaba muy poco tiempo para eclosionar. En Julio del 47′  se produjo una reyerta motera que ha pasado a los anales de la historia: el motín de Hollister en California. Durante un fin de semana la ciudad se convirtió en una anarquía motera, un motín de rebeldía y alcohol, tal y como vendieron los medios. La mala reputación de los moteros se estaba gestando.

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Tiempo después aparecieron los primeros Hell Angels y el cine no tardó en hacerse eco del motín con una película protagonizada por Marlon Brando que terminaría por sentenciar la imagen de los motoristas, la archiconocida película “The Wild One” (Salvaje, 1953).

Pero…. ¿todo esto qué tiene que ver con el rock? Estos fueron los cimientos de los cambios culturales que los jóvenes llevaron a cabo en Estados Unidos en la época de los 50’s. La década que vio nacer el Rock & Roll como contraposición a la cultura establecida, un grito en contra del conservadurismo de posguerra que anhelaba la Libertad. Las motocicletas inspiraron al rock, se convirtieron en sus musas.

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La leyenda se forjó gracias a que los apasionados de ese momento eran estrellas como Elvis Presley, Gene Vincent o Bo Diddley, todo un símbolo. El rock llevaba (y lleva) las motocicletas en sus letras, en sus portadas y en su historia. ¿Quién no conoce Born to be wild de los SteppenwolfSirvió de intro para la película Easy Rider de Dennis Hopper. Toda una declaración de intenciones ese reloj caído: Vivir sin ataduras ajenos a la tiranía del Tiempo nos decía Peter Fonda.

Tres acordes, un ritmo fuerte y una melodía pegadiza. La combinación entre el rhythm and blues y el country que marcó toda una revolución musical y un estilo de vida eterno.

Texto: Diego Sánchez

 



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