Roland Sands, el emperador del Custom

Con cinco años Roland Sands se subió a su primera moto; una Suzuki RM 50 que desvirgaría los prematuros sentidos del joven Sands. Pocos metros después acabaría arrastrando su reluciente montura recién estrenada por el suelo rompiendo su primer hueso. Pero, claro, una vez que has probado el tacto de un acelerador, hay dos opciones: o te deja indiferente y barajas la posibilidad de comprar un scooter de tres ruedas para evitar atascos o te atrapa en sus redes, de las que no vas a ser capaz de zafarte.

Por suerte, el joven Sands siguió ligado al mundo de la competición, pero en asfalto, a lomos de motos de carreras de 250 cc de dos tiempos. Durante nueve años, entre 1994 y 2002, estuvo en la élite del AMA, donde conseguiría hacerse con el campeonato de 250 GP en 1998. Pero la competición deja secuelas y las frecuentes caídas acaban pasando factura, forzando el abandono, momento en el cual su camino cambiaría de rumbo, pero siempre con aroma mecánico.

A pesar de haber dedicado su vida a las carreras, Sands había mamado de uno de los mayores fabricantes de piezas aftermarket en casa, PM, lo que le abriría de par en par las puertas del mundo de la construcción de prototipos y motos a medida. Escalando desde los puestos más bajos, comenzó fregando suelos, llegó a ser uno de los responsables del área de diseño y fabricación del gigante americano, pero necesitaba lograr un objetivo fijado por él mismo.

Por la cabeza de Roland Sands comenzó a dar forma a lo que sería su estilo a la hora de construir motos: carácter deportivo, heredado de las carreras, piezas de alta calidad y diseños híbridos, en tierra de nadie, pero que gustan. En sus motos se puede apreciar la reminiscencia del constructor americano, amante del cromado y tendiendo al sobredimensionamiento de ciertas partes, pero con un matiz europeo, cuidando los detalles y con una estética cada vez más purista.

En 2005, tras su participación en el Biker Build Off, frente al “dios” Arlen Ness con su Glory Stomper, decide formar lo que a día de hoy se ha convertido en un imperio de piezas aftermarket y lifestyle: Roland Sands Design. Poco a poco, la empresa fue cogiendo forma y actualmente es un negocio con distribución mundial con carácter joven y deportivo.

Como buen amante de las motos, Roland no le hace ascos a ningún tipo de montura. Es capaz de transformar una preciosa Desmosedici en una moto de dirt track incontrolable. Por sus manos han pasado desde motos de cross hasta una T-Max, siendo su campo de acción de prácticamente 360˚, con un estilo evolutivo y una capacidad camaleónica para abordar cualquier proyecto, pero manteniendo una clientela fiel adicta a la velocidad.

En los últimos años, le hemos podido ver de la mano de diferentes fabricantes, sin dejar de lado al gigante de Milwakee, amo y señor del mundo del custom, que ve tambalearse su supremacía ante el embiste de las nuevas tendencias. La fluidez visual y atractivo de sus creaciones se pueden percibir en motos como las BMW Concept 90 y R NineT Classic e Indian RSD Scout y RSD Custom, con las que ha sabido aunar la estética de los orígenes de ambas marcas con el presente y darles un nuevo enfoque.

Sin duda, uno de los máximos exponentes a nivel mundial que seguirá sorprendiendo por su capacidad de adaptación al medio y resistencia a las embestidas del sector. Ride fast!

Texto: Borja Jiménez



Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies