Sabor a victoria; Benelli 354 Sport

El amor de la gente de Plan B por los vehículos clásicos se refleja a la perfección en el trabajo realizado sobre esta Benelli 354 Sport. En realidad, no estamos ante una restauración propiamente dicha, no es tampoco un tributo al uso, sino más bien el merecido reconocimiento a uno de los más icónicos coches de carreras de la historia, el Ferrari 512M.

Para haber pasado los últimos veinte años abandonada en un garaje, la Benelli estaba en muy buen estado. Su pequeño y ligero chasis cumplía con las expectativas, pero el propulsor tetracilíndrico no rendía los suficientes caballos, así que se le potenció de la manera más efectiva que existe, aumentando la cilindrada. Además, se trabajaron a conciencia los conductos de entrada y salida de gases, mejorando notablemente la “respiración” del motor. Gracias a estos cambios, se ha conseguido casi el doble de potencia y bastante más par.

Durante mucho tiempo, uno de los rasgos característicos de las motos que salían de la fábrica de Pesaro era contar con tantos silenciosos como cilindros tenía el motor. Esta curiosa tradición se ha mantenido gracias a un espectacular sistema de escape, cuyo acabado cerámico en blanco evoca a las carreras de hace varias décadas. Los cuatro carburadores se han puesto al día y lucen brillantes e imponentes junto a las trompetas de admisión independientes. El último cambio realizado en el propulsor ha sido el encendido, ahora un Dynatech electrónico.

Una de las grandes mejoras en cualquier parte ciclo clásica son las suspensiones, y aquí se ha cogido el toro por los cuernos, sustituyendo la pareja de amortiguadores por un sistema tipo monoshock. Aunque las modificaciones en chasis y basculante han sido importantes, el cambio merece la pena, ya que el nuevo amortiguador posee todo tipo de regulaciones y permitirá ajustar perfectamente el comportamiento del tren trasero. El subchasis directamente se ha eliminado, encontrando ahora en su lugar una silleta de tubo de aluminio, unida al bastidor mediante 4 tornillos.

Las llantas son de las pocas piezas que quedan de la moto original, habiéndose conservado también ese dorado tan característico de las motos de los años setenta. Afortunadamente, los modernos neumáticos Avon que lleva la italiana harán segura su conducción. Para conseguir una frenada digna, se han montado pinzas de 6 pistones, y un enorme disco delantero de 340 mm. El espartano tablero de instrumentos refleja la esencia de las carreras, e incluye un cronómetro accionado desde el manillar. Ubicados sobre la tija superior, se encuentran los interruptores para las luces, la llave de contacto y el botón de puesta en marcha.

El depósito está fabricado en chapa de acero de 0,8 mm y cuenta con dos aperturas laterales por las que se puede ver el nivel de gasolina. El carenado integral y el colín están fabricados en fibra de vidrio, mientras que la quilla y las branquias laterales son de aluminio. Las referencias hacia el Ferrari de resistencia quedan patentes en los colores azul y gris de la carrocería, así como en los adhesivos de los patrocinadores y en los dorsales con el número 6 que lució este coche a comienzos de los setenta. Una moto bonita, efectiva y sin artificios, que hará las delicias de cualquier apasionado al mundo de la competición.

Texto: Tony Soul

Fotos: Michel Deguernel y N-Drews



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