Tres años de la desaparición de Lou Reed

Algunos pertenecen a esa generación de jóvenes a los que la buena música les fue vedada. Criados en los 90, la muerte de Kurt Cobain nos relegó a un yermo que dio paso a la barbarie musical. En ese erial, se te consideraba non grato, un bicho raro, cuando no movías las caderas a ritmo de reggaetón y flamenco. Nada quedó para esa generación.  Ni Supertramp, Queen, Jethro Tull, Yes o Lou Reed.

Mis padres, a los cuales estoy profundamente agradecido, me educaron el oído para respetar todos los géneros y amar a unos pocos elegidos. Dado el entorno, siempre fui a remolque, es por ello que conocí tarde a Reed. La primera vez que supe de él, fue en Trainspotting (1996). “Perfect Day” daba atmósfera a la dosis casi mortal de Mark Renton (Ewan McGregor) y su viaje al hospital de Edimburgo.

Lewis Allen Reed murió el 27 de octubre de 2013 dadas las complicaciones de un trasplante de hígado; una operación a la que se sometió unos meses antes. Nacido en Brooklyn en 1942, se encargó de dar vida a los recovecos menos bellos y recomendables de Nueva York al tiempo que se convirtió en lo puede llamarse “músico de culto”.

Como artista de los 60 en adelante, su relación con las drogas fue todo sinceridad. Tanto es así que no tuvo remilgos para hablar en su canción “Heroin” del romance que mantenía con el jaco: “Heroin, it´s my wife and it´s my life”. Además de estos, trató temas controvertidos, lejos de la norma del momento, como la homosexualidad y el travestismo que le diferenciaron del resto.

El tiempo pone a cada uno en su lugar. The Velvet Underground no fue la primera banda de Reed. Fundada en 1964 y disuelta en 1970, no logró el reconocimiento de su década. Su primer álbum, The Velvet Underground & Nico, tan solo vendió 30.000 copias.

Tras ese desencuentro con las masas, Lou comenzó una carrera en solitario que parecía dispuesta a encumbrarle como icono revelador con su segundo album. David Bowie produjo ese disco, Transformer, del que destacan las célebres “Walk on the Wild Side” y “Perfect Day”. No obstante, Berlin, su siguiente trabajo truncó esa posibilidad al tratarse de un álbum más sombrío. Aun así, hoy es conocido por ser un adelantado a su tiempo, un visionario que reflejó una época en su aspecto más oscuro.

Lou Reed se hizo así mismo. Siguió su propio camino y se convirtió en leyenda. Una persona cortante y difícil que construyo un personaje al que reverenciar que aseguraba ser un ser empático. Lou se agarró a la vida. Nunca se quedó en casa por mal que estuviese. En sus últimos días, vivió “deslumbrado por la belleza y el poder y dulzura de la naturaleza”, rezaba el texto de despedida de la que fue su mujer, la artista Laurie Anderson.

La trayectoria de Reed fue larga y profusa. Sony ha publicado para conmemorarlo The RCA & Arista Album Collection, una caja conmemorativa con los primeros 16 discos del neoyorkino remasterizados. En ella recoge la producción para ambos sellos entre 1972 y 1986: su disco de debut homónimo, Transformer, Berlin y Rock ‘n’ roll animal. También Metal machine music, Coney Island Baby(1975), Street hassle (1978), The bells (1979), The blue mask (1982)…

El último trabajo de Lou Reed antes de morir fue supervisar la creación de esta obra durante el verano de 2013 junto al productor Hal Willner, quien hizo el prólogo del libro incluido en la caja y que incluye fotografías inéditas, entrevistas con Reed en cada una de las diferentes épocas, carteles de sus conciertos y material del archivo personal del músico.

Texto: Enrique Alpuente

Foto: PA



Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies