Motocicletas del Celuloide

No todos los moteros nacemos amando el motociclismo aunque algunos lo mamen desde pequeños. Otros se convierten al tiempo, cuando algo concreto enciende una bombilla en nuestro cerebro y nos hace decir: “esa moto tiene que ser mía”. Cada uno tiene su propia historia sobre el inicio de su pasión por las dos ruedas, puede que algún familiar te dejase una moto vieja, que un amigo te picase el gusanillo al comprarse una motocicleta o puede que te aventurases a reconstruir una vieja chatarra abandonada… Pero seguro que más de uno entró en una sala de cine y salió siendo motero.

Cinéfilos o no, hemos de reconocer que las películas marcan, y mucho, a sus espectadores. La influencia del celuloide es inmensa, puede despertar en nosotros necesidades y deseos que ni siquiera nos habíamos planteado. La primera semilla motera podría decirse que surgió en 1953 con una película que sentó el mito de que los moteros son rebeldes, libres y están al margen de la ley: the wild one (Salvaje). El film mitificó la figura del motero bajo un cliché que aún perdura. La culpa fue de Marlon Brando y su triumph thunderbird 6T. Todo un boom publicitario para el cine que ensalzó a la marca como objeto de deseo.

El precedente estaba sentado, si una película con proyección necesitaba de una moto para el atrezo ahí estaría una marca dispuesta a dejársela. Visto el éxito, la casa Triumph repitió maniobra en La Gran Evasión  (1963) y puso a Steve McQueen a lomos de una triumph TR6 Trophy. El actor, conocido apasionado de las motos, condujo la moto siempre que le dejaban en el rodaje a excepción de la escena del salto que caracteriza la película. Para aquella ocasión, decidieron contar con el doble, aunque el King of Cool seguro habría sido capaz de lograrlo (Nosotros lo sabemos). Años más tarde, los de Hinckley homenajearon a la figura de McQueen y su participación en la película con la Bonneville Steve McQueen SE, una edición limitada de 700 unidades.

En el cine de 1969, Harley-Davidson salió a la palestra de Hollywood con Easy Rider. La road movie por excelencia que mitificó la archiconocida Harley “Capitán América” que montó Peter Fonda, sin restarle importancia a la “Billy Bike” de Dennis Hopper. Dos choppers, drogas, hippies y el sur de EEUU. Motos y carreteras aderezadas con el Born to be wild de Steppenwolf de fondo, una banda sonora a la altura. La memoria colectiva sigue recordando esas Harleys, pero la realidad es que solo se conserva la Harley de Fonda que se subastó por más de un millón de euros en 2015; el resto de motocicletas fueron robadas tras el rodaje. Nefasto final para tan míticas máquinas.

La fiebre de las motos y los rebeldes sin causa seguían estando a la orden del día y todo el cine debía explotarlo. Así fue como Kawasaki donó a una película de serie B preapocalíptica unas cuantas Kawasaki Z1000. Nadie presagió lo que iba a suceder pero la película resultó ser todo un éxito. Es más, dio para una trilogía e incluso una nueva versión protagonizada por Tom Hardy en 2015. Hablando, por supuesto, de Mad Max (1979). Las persecuciones de “Ganso” sobre una Kawasaki Z1000 modificada causaron furor en los espectadores, tanto que algunos olvidaban que Mel Gibson era el protagonista y no las motos.

La firma de Kawasaki aprovechó su buena suerte y siete años después presentó la Kawasaki GP7 900R en Top Gun. Los moteros rebeldes ya estaban muy manidos y era una oportunidad de oro para abrirse a un mercado menos transgresor, un público que quisiera derrochar estilo como lo hacía el chulesco pero comprometido “Maverick” (Tom Cruise).

Llegado el nuevo milenio resurgieron cortes y curvas que las motos modernas habían olvidado. Películas biográficas como Diarios de Motocicleta (2004) revivieron de algún modo la silueta de la moto clásica. El film narra el viaje de Ernesto Guevara, estudiante de medicina, por toda Latinoamérica antes de que fuera el revolucionario Che. En 1952, Guevara y su amigo Alberto Granado se embarcaron en “La  Poderosa”, una Norton 500 de 1939, que les llevó a descubrir el continente sudamericano. Este viaje expandió la mente del Fuser, como le llamaban sus compañeros de rugby, hasta volverlo irreconocible respecto al joven asmático que comenzó el viaje.

Podríamos seguir hablando de películas y su influencia en el mundo de las motos, de la saga Terminator (1984): la honda XR  de John Connor, la Harley Fatboy de Schwarzenegger; de las motos futuristas de Tron (1982) o Oblivion (2013) pero dejarnos llevar, jamás nos permitiría poner un punto y final como este.

Texto: Diego Sanchez

Creatividad: Diego Sanchez