CORVETTE STINGRAY

En los años 50 la General Motors era la estrella de las ferias y exhibiciones de tecnología. La corporación le daba una enorme libertad a sus creativos, los cuales se despachaban con modelos futuristas plagados de sendos avances tecnológicos, y dichos concept cars dejaban a todo el mundo con la boca abierta en los stands que la GM abría en dichas exhibiciones.

Sin embargo las innovaciones parecían reservadas a las ferias, y la realidad demostraba que la GM se manejaba con un criterio estrictamente conservador y austero. Muchos de sus modelos – sin importar si eran económicos o extremadamente lujosos y costosos – compartían mecánica y carrocería, con lo cual las diferencias era estéticas y de marketing. No eran coches malos, pero no poseían toda la innovación que sus futuristas carrocerías proclamaban tener.

El Chevrolet Corvette Stingray de 1963 traía numerosas novedades. Era mucho más maniobrable, y tenía suspensión trasera independiente – la cual era muy liviana pero también muy costosa -. Esto disparó los costos del coche, pero Duntov decidió redoblar la apuesta y le prometió a los mandamases de la GM que el Stingray vendería más de 30.000 unidades anuales – lo que representaba el doble de lo que había vendido el viejo modelo en 1962 -. Mas allá del costo, éste si era un coche deportivo y agradable de manejar.

Cuando debutó, causó sensación. Tenía un tope de 209 km/h y su manejo era envidiable. Aun así, la profecía de Duntov no se cumplió, al menos en un inicio. Recién en 1964 las ventas de Corvette llegaron a 22.229 unidades.

El Stingray vivió hasta 1967, cuando dejó el paso a la tercera generación – un clásico que llegó hasta 1982 -. Nunca alcanzó a las 30.000 unidades vendidas anuales, aunque totalizó 117.964, lo cual superaba por mucho las escépticas predicciones de ventas de la Chevrolet. Pero sirvió para marcar el camino y darle personalidad a un coche, el cual terminaría – con el tiempo – haciendo su propia historia…

 

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