Dual Sport Bikes de los 90.

Las modas existen y existirán siempre. Pero hoy no hablaremos de modas, hablaremos de comodidad, fiabilidad, de cosas buenas y un poquito de moda…

Con la fiebre del “todo lo de antes era mejor”, a veces, se nos va la pinza y nos creemos que una Z1000 del 79 es una Superbike; y lo fue en su tiempo, pero hoy en día una 600 barata se la funde en todos los aspectos. ¿Que es bonito tener una? Sí, claro, sin duda; pero en cuanto a prestaciones, velocidad, potencia, etc., es un tronco de 220 kilos. Así podemos hablar de motos de asfalto, donde el agarre ha permitido que las motos crezcan muchos enteros.

¿Pero si no hay agarre? Os hablamos del Off Road. ¿Realmente hay diferencia entre las posibilidades de una XR600 y una KTM 690 2018 en un medio como el enduro ligero dominguístico? Tal vez no… En el monte, no necesitamos una potencia exagerada. Solo necesitamos unas suspensiones más o menos correctas, unos buenos neumáticos y un dedo de frente menos, para dar gas justo cuando en asfalto te han enseñado que no lo des.

Entonces, si partimos de esa base… quizá es mejor tener una moto de mecánica sencilla, sin inyección, ABS, TCS, válvula de retorno de gases, etc., que una que lleve todo eso y encima tenga 70 CV, de los que vas a aprovechar 50, los que tienen motos como: la Suzuki DRZ, la Honda XR y XR 650 o la Yamaha TTR. Motos que pesan poco, muy poco, con la potencia ideal; fiables, fáciles de reparar y baratas, muy baratas. Hablamos de entre 1 500 y 3 000 euros.

Podríamos hablar de la Dominator, que no la encajamos en este sector, dado que es un trail muy light, más urbano que otra cosa; ya que, con su carenado, las múltiples caídas en el monte nos supondrían un problema (igual que con la DR 650 de Suzuki) que junto con sus suspensiones de corto recorrido ya nos están diciendo más o menos por dónde quieren ir. Si subimos un poco más de cilindrada, nos vamos ya a las Ténéré, DR Big, etc. Y ahí nos saltamos la escala. Ahí nos vamos a otra cosa totalmente diferente. Grandes, pesadas, toscas y poco divertidas en el monte. Sigamos con las monos…

Estas pequeñas y ligeras motos nos permiten endurear un sábado por la mañana cerca de casa —muy cerca—, cruzar carreteras de asfalto para entrar en otra pequeña y desconocida pista, ir encadenando distintos tipos de suelo y poder practicar el noble arte de ir en moto por un sitio donde la adherencia es cero.

Y por eso hemos dicho antes que no queríamos hablar de moda, porque esto más que una moda es un hecho. Esas motos van bien y aún se pueden aprovechar para tu uso y disfrute. Permiten también, por ejemplo, ir a África con algo sencillo. Os aseguro que ir en GS al desierto no es tarea fácil, y reza para que no te salga un error en el display… Con la DRZ puedes llegar a la siguiente parada con el cable del gas roto, estirando tú mismo directamente desde el carburador… Eso no tiene precio.

Y tras unas simples modificaciones —como aumentar la capacidad del tanque de gasolina o aumentar un poco la relación—, conseguirás una velocidad de crucero aceptable, junto con unos parciales de kilometraje decentes. Y podrás llegar al fin del mundo con tu moto, no con la moto que llevaba tu padre —esas motos que cuando eras joven veías no las hacías ni puto caso. Esas—.

Y… por qué no… derivar esta fascinación por el enduro hacia otros lares. Con cualquiera de las citadas motos podemos tener una enduro, una Tracker y ¡hasta una Supermotard!

Acordaos de estas siglas: DRZ, XR, TTR, y si queréis subir un escalafón más… WR, CRF, RM. A destacar sin duda la catalogada por los entendidos como la mejor de todas, la XR o su versión 650, con el claro inconveniente del arranque a patada. La TTR es la gran desconocida debido a las pocas unidades vendidas. No deja de ser un intento de Yamaha de hacer una XR, pero que el tiro no les salió del todo bien; amén de no tener un motor tan explosivo como el de su hermana Honda.

Y tal vez, si buscamos un punto medio aceptable, nos quedemos con la DRZ, la 400. Botoncito mágico de arranque, fiable como sus contertulias. Sus únicos puntos a menospreciar son su baja cilindrada y su potencia algo justa. Aunque se vio compensada en su versión E, un modelo con algo más de torque.

Conclusión, tenéis al alcance la diversion, más cerca de lo que os pensáis. No dudéis en comprar algún bicho de estos, os lo pasareis teta.

Y hasta aquí toda la info que hemos podido rescatar de estas “viejas” glorias, en auge hoy en día, para endureros de nivel medio-alto, que no quieren gastarse 24 000 euros para hacer un par de pistas y divertirse como enanos.

Gracias a Ramón por picarme, a Xavi por instruirme, a Jordi por darme rueda y a Dani por dejarme su moto.