For the Thrill of Speed: mickael russo

Impulsado por su pasión por la velocidad, Mickael Russo comenzó su proyecto personal de fotografía hace más de una década. De estilo íntimo, elegante y con un extra de sensibilidad, sus instantáneas muestran las entrañas del mundo del motor y de la competición al desnudo, y transmiten al espectador todas las emociones que él sintió en el momento de darle al disparador de su cámara.

“Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje”, decía el francés Henri Cartier-Bresson, considerado por muchos el padre de los fotorreportajes. Al igual que él, Mickael Russo entendía la cámara como un cuaderno de dibujo: el instrumento de la espontaneidad y de la intuición. Era un maestro del instante, que en términos visuales, sabía cuestionar y a la vez, decidir. Al final, la diferencia entre una buena fotografía y una mediocre es cuestión de milimétricos detalles.

Russo no perdía el tiempo en hacer complicados cálculos para buscar el encuadre o la iluminación perfecta. Sencillamente, tenía el don de capturar la esencia de una de las cosas de las que más disfrutaba: las carreras. Era incapaz de ser un mero espectador… Él se implicaba en cuerpo y alma en todo lo que hacía, y eso se ve reflejado en la autenticidad que desprenden sus fotografías.

En cierta ocasión, tuve la suerte de conocerlo un poco más, y aprendí que, como decía el filósofo Georg Wilhem Friedrich Hegel, nada en el mundo que valga la pena se ha conseguido sin pasión.

Revival of the Machine: — Mickael, ¿desde cuándo te dedicas a la fotografía y por qué?

Mickael Russo: —Bueno, yo en realidad era técnico de información independiente (IT), en París, donde nací. Pero, desde hace algunos meses, soy profesor en un colegio. En cuanto a la fotografía… todo empezó un poco por casualidad. Gracias a mi padre, que es un apasionado de la fotografía, tengo un poco de experiencia técnica. Siempre he hecho muchas cosas relacionadas con coches y motos con amigos que fui haciendo en distintos foros de internet. En 2008, empecé a hacer algunas fotos de eventos para compartirlas con todos aquellos que no podían acudir, y, cinco años después, ya empecé a hacer grandes esfuerzos por incrementar la calidad de mis trabajos. Así, de forma algo atropellada, en 2014, surge mi blog Thrillofspeed.fr. Ahora, estaba pensando en eliminarlo para concentrarme por completo en la fotografía.
RM: —
De todos los trabajos que has hecho, ¿recuerdas alguno con especial cariño?

M. R.: —Pues, por ejemplo, cubrir el Tour Auto 2017 para DriveTribe fue genial, incluso sin haber podido estar durante la semana completa. Realmente, amo ese evento: doscientos cincuenta coches clásicos de carreras rugiendo por la campiña francesa y yo en mi viejo MX5 intentando seguirles el ritmo. Trabajar con DriveTribe me permitió compartir una cerveza y una charla (sobre mascotas) con Jeremy Clarkson. He de decirte que aquello me alegró el día.

RM: —¿De dónde viene tu amor por los motores? ¿Cómo llegas a especializarte en fotografías de coches, motos y competición?

M. R.: —No sabría cómo explicarlo, pero desde siempre me ha apasionado conducir… tanto coches como motos. También disfruto desmontando cosas (tengo dos motos por piezas en el garaje, que esperan poder volver a ver la luz del sol muy pronto). Creo que me podría haber especializado en cualquier cosa siempre y cuando se mueva con motor de gasolina… y que me permita conducirla a toda velocidad, claro. Además de ser feliz conduciendo buenas máquinas, me encanta inmortalizarlas. Solo trato de hacer buenas fotos de buenos momentos.

RM: —¿Qué escenario dirías que es tu favorito para trabajar?

M. R.: —Un evento como el Tour Auto, pero como equipo de apoyo a la organización. Pasar una semana recorriendo Francia, con un buen amigo, en un coche de carreras clásico… ¡y emplear todo mi tiempo libre en sacar fotos! Ya lo he hecho otras veces, en eventos de fin de semana o, por ejemplo, con un Saab 850 Monte Carlo para el rally histórico de Montecarlo, en 2013. Fue genial.

RM: —¿Con qué cámara trabajas normalmente?

M. R.: —Para mí, mantener el equipo mínimo es esencial, porque pesa mucho y es poco práctico. Hay que caminar mucho durante un fin de semana en las carreras, o en un evento… Además, si hace falta, me pongo a ayudar en un coche, y a menudo tengo que sostener mi cerveza o la de cualquier otro (ríe). No hace falta decir que si tienes que llevar encima todo tu equipaje y tu material fotográfico en una moto, o peor, en el maletero de tu viejo Mx5… al final aprendes a viajar ligero.

Así que, suelo llevar una Nikon D7100, con algunos objetivos económicos pero buenos (50 mm 1.8, 35 mm, 1.8 dx y una de 18-140 mm) y una Fuji X100T. La mayoría de las veces, las dos al mismo tiempo, para evitarme, en la medida de lo posible, el intercambio de objetivo.

De vez en cuando, uso alguna cámara Full Frame, pero de momento normalmente hago mi trabajo con el equipo que tengo, y estoy contento con él.

RM: —¿Cómo definirías tu técnica?

M. R.: —Intento hacerlo todo lo más simple posible. Tomar la foto adecuada a la primera y mantener el postprod lo más cerca posible de lo que se puede hacer con la película. Odio recortar una imagen, para mí es un fallo terrible, y solo lo hago cuando realmente mejora enormemente la imagen y es un recorte de poca importancia. Me encantaría usar más películas, pero por ahora es demasiado caro (me cuesta demasiado tiempo y demasiado dinero).

RM: —¿Y tu estilo?

M. R.: —Creo que aún estoy buscando el que podría ser mi estilo. Definitivamente, odio cuando alguien puede identificar rápidamente a la persona que tomó una u otra imagen. Así que, yo siempre intento variar los puntos de vista de mis fotos: primer plano, panorámica, escenas completas, detalles, sujetos mecánicos, pueblos… No cuento los clics y trato de no ser restrictivo.
Por otra parte, mi posproducción es la misma el 99 por ciento de los casos, con el fin de unificar mi trabajo. Me encanta disparar a máxima apertura, tal vez un poco demasiado.

RM: —¿Qué te gustaría transmitir con tus imágenes?

M. R.: —Quiero contar historias, con una imagen o a través de series. Hago reportajes sobre cosas que amo y quiero compartir mi placer de hacerlo.

RM: —“Faster, faster, until the thrill of speed overcomes the fear of death”, ¿qué significa para ti esta cita? M. R.: —Brusco, un artista español, realizó en su día un casco en el que pintó a mano esa cita. En cuanto lo vi, me recorrió por la espina dorsal esa sensación de verdadera emoción que me invade cuando conduzco a gran velocidad. Esa velocidad a la que te sientes conectado con tu máquina y con la carretera… en ese momento en el que empiezas a disfrutar del paseo.

He estrellado algunos coches cuando era joven, y he tenido mucha suerte. Aquellas experiencias me hicieron darme cuenta del riesgo y, desde entonces, trato de mantener unos márgenes bastante amplios. Soy consciente de la delgada línea que separa el placer del drama, pero, para mí, la velocidad sigue siéndolo TODO.

La frase de aquel casco de Brusco me dio el nombre de mi blog y la inspiración para empezar a trabajar en algo… aunque entonces no sabía exactamente en qué. Me puse en contacto con él y, amablemente, Brusco me dejó usar su foto para mi blog. Próximamente, me gustaría tener un casco pintado a mano por él.

RM: —¿Dónde te gustaría llegar a ver tus fotos en un futuro cercano?

M. R.: —En una galería. Siempre he lamentado mucho no haber sido capaz de pintar o de tocar música. Ahora, tengo la sensación de que, a través de mis fotos, he encontrado una forma de expresarme y de hacer mi “arte”.

RM: —Imagino lo que me vas a decir, pero ¿qué es lo que más disfrutas cuando no tienes una cámara entre manos?

M. R.: —Conducir cosas, claro. Incluso ciclomotores. ¡Me encantan los ciclomotores! o un tractor… ¿Quién no quiere conducir un tractor? Uno de los recuerdos más queridos de mi juventud es con un Pinzgauer (el de seis ruedas), haciendo dónuts en el camping Le Mans Classic. También recuerdo con mucho cariño las carreras de diez horas con “coches de 2 000 euros”, que hice durante algunos años, junto a amigos sin cerebro que conocí en internet… o el viaje de treinta y cinco horas Paris-La Rochelle, que hicimos con coches de mierda comprados por eBay, y en el que disfrutamos mucho de una cena alrededor del fuego en Gérardmer. Por resumir: quemar gasolina mientras te mueves de una manera no razonable.

RM: —Es una profesión sacrificada, pero ¿crees que algún día serás fotógrafo a tiempo completo?

M. R.: —La verdad es que vivo muy feliz sin ser fotógrafo a tiempo completo, y no quiero que eso cambie. Principalmente, vendo lo que me gusta llamar “arte”, fotos que realizo en mis viajes de placer. Así tengo mayor libertad y me ahorro el estrés de tener que coger trabajos que no quiero hacer… o vender mis fotos a cualquier precio. Muchos interlocutores piensan que, debido a la tecnología digital, las fotos deberían ser baratas. Gracias a mi trabajo diario, no dependo de vender mis fotografías para vivir y elijo lo que quiero y no quiero hacer, y lo que quiero y no quiero vender, a un precio que creo justo. Ese es un privilegio que pierdes en el instante en el que te conviertes en fotógrafo a tiempo completo… Los ejemplos de los fotógrafos a tiempo completo que viven de su trabajo, y viven bien, están contados.

RM: —Un sueño por cumplir…

M. R.: —Intento no tener sueños no realizados. Cuando quiero algo, hago todo lo que puedo para conseguirlo. Si al final no es posible, pues desisto y disfruto de lo que tengo.

Desgraciadamente, el pasado diecisiete de septiembre, Mickael Russo nos dejó. Su vacío en los eventos del motor más especiales, y en las carreras (de cualquier cosa con motor), no podrá llenarlo nadie, pero su forma tan especial de vivir la velocidad permanecerá con nosotros para siempre a través de sus increíbles fotografías.

Desde aquí, quiero hacer llegar todo mi cariño a su viuda, Diane-Marie Palacio Russo, y al hijo de ambos. “Je me demande, si les étoiles sont éclairées afin que chacun puisse un jour retrouver la sienne”, Le Petit Prince.