El movimiento custom llega a Camboya

Pronto habrán pasado tres años desde que Patrick y Justin dada su gran afición al motor, decidieron empezar a customizar motos para su propio uso. Su gran habilidad, dedicación y cuidado de cada detalle hizo que pronto se diesen cuenta de que podían continuar haciendo motos para otras personas; sin embargo, decidieron hacerlo siguiendo una norma: harían proyectos pensados y diseñados por ellos mismos y se dedicarían a hacer las motos que ellos soñasen para luego venderlas. El movimiento custom había llegado a Camboya.

Pese a sus distintos orígenes, les unió su pasión compartida. Algo que también compartían es una Yamaha sr400, de forma que decidieron reunir a todos los propietarios de una moto igual. En su día apenas se juntaron una decena, tres años después ya hay más de 40 propietarios de este modelo. Patrick (de origen camboyano) destaca la especial habilidad de la gente de su país a la hora de copiar todo lo que ven.

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El mes pasado juntaron a 80 personas con sus motos custom para dar una vuelta por su ciudad, algo impensable cuando ellos comenzaron. Por así decirlo, han sido los precursores del movimiento custom en Camboya.

En Phnom Penh hace tiempo que se creó un grupo de moteros llamado “The Rebels”. Ellos creen que el tener una moto custom es lo opuesto a pertenecer a un grupo, es precisamente la idea de ser original y único lo que debe llevar a uno a tener una moto personalizada.

Para vender sus motos únicamente las exponen en su propio bar, llamado Hangar 44. Por otra parte, se les puede encontrar en casi todas las redes sociales, donde suben fotografías de sus motos y se promocionan.

Por supuesto nos encantaría poder retirarnos haciendo este trabajo, pero no es esa nuestra intención. Nuestra intención es pasarlo bien creando motos, conduciéndolas y disfrutar viendo crecer la afición por este arte.

Cuentan que una de las grandes ventajas de customizar en Camboya es la libertad en lo que a la normativa de refiere. Aquí pueden crear la moto que imaginen sin ninguna clase de restricción.

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Compran piezas de Australia, Japón, China, Estados Unidos… incluso a veces las traen consigo cuando viajan. El material les sale algo más caro, sin embargo, venden las motos por precios muy razonables si se compara con su precio de venta en un país como Australia o incluso el nuestro. Normalmente el precio de venta de sus motos oscila entre los 4000 y los 7000 dólares, y la calidad de sus construcciones es incomparable en este territorio. No hay más que ver de lejos una de sus motos para reparar en el cuidado con el que han sido hechas.

Llegados a este punto, les llega frecuentemente gente con ganas de hacerse con una moto custom y con alguna idea en la mente, por lo que han empezado a diseñar teniendo en cuenta las necesidades de su clientela, pero conservando su propio gusto y criterio.

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Patrick está muy orgulloso de una de sus creaciones, una moto que ha decidido conservar para sí mismo y que podemos ver en las fotografías. Se trata de una cafe racer muy agresiva con unas llantas que le permiten ir por cualquier ruta. Fue el primero en hacerlo aquí y poco después salieron los imitadores.

Ante todo ellos se consideran creadores, artistas. Presumen de no copiar ninguno de los modelos que ven, únicamente cogen ideas y se inspiran en otras creaciones. Hablan de ello también como un estilo de vida, de celebrar la vida en Camboya. “Todo lo que rodea este movimiento es fantástico y estamos orgullosos de estar en el medio”.

Texto/Fotografías: Iñigo Echenique