On the Road: Marruecos, otro mundo al cruzar la calle.

No hace falta irse muy lejos para sentir la aventura del exotismo, en el norte de Marruecos la puedes encontrar.

Cuando recibimos la llamada de Banyan Tree, una de las líneas más exclusivas de hoteles que hay en el mundo, para ir a conocer un nuevo hotel en el norte de Marruecos, casi hacemos el pino. Hacía tiempo que nos queríamos marcar una buena ruta en moto por esas tierras y encima lo haríamos con todas las comodidades en tremendo hotel.

Parece que cuanto más lejos mejor es el destino y no nos damos cuenta de que a tiro de piedra y con cruzar unas pocas millas en ferri desde Algeciras, de repente te encuentras en medio de un país totalmente diferente, con lugares que realmente merecen la pena visitar.

Para nuestro viaje nos equipamos como dios manda gracias a nuestros amigos de La Urbana Bike, elegimos una leyenda de nuevo reeditada y nos plantamos en Ceuta para cruzar la frontera a lomos de la idolatrada Honda. La África Twin volvía a su hábitat y se comportó de lujo tanto en carretera como en las pistas marroquíes. En contra de lo que cabría esperar por su tamaño y peso, se desenvolvió ágil y solamente en algún paso complicado, con media rueda hundida en el barro, nos vimos en dificultades, seguramente por una mala elección de neumáticos.

TAMOUDA BAY

Tras cruzar una agitada frontera, nos dirigimos al hotel y en apenas veinte minutos, dejando atrás la fronteriza ciudad de Castillejos, llegamos a Tamouda Bay, rodando paralelamente a la playa virgen más larga del norte de Marruecos.

El imponente hotel Banyan Tree aún no había abierto sus puertas al público y éramos unos privilegiados disfrutando de sus jardines, restaurantes, spa y piscinas prácticamente en solitario, sintiéndonos los reyes del mambo por unos días, ya que prácticamente solo estábamos el servicio y nosotros.

Especialmente excitante fue cuando abrimos la puerta de nuestra suite de estilo árabe-andaluz para encontrarnos de frente con nuestra piscina privada. Menudo lujo.

Tras descansar esa noche como unos auténticos reyes, al día siguiente aprovechamos los primeros rayos de sol para salir de ruta.

TETUÁN

Nuestra primera parada fue la hermosa y tranquila ciudad de Tetuán, a la que llegamos en apenas veinte minutos. El rey Mohamed VI siempre pasa el verano en la ciudad y pudimos comprobar su impresionante séquito con más de diez camiones que se abrían paso, y, claro, nosotros aprovechando detrás de ellos.

Una vez allí, la medina, que ha sido declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, es visita obligada. Ahí se pueden adquirir variedad de piezas elaboradas por expertos artesanos, donde el idioma no suele ser problema para regatear, ya que fue la antigua capital del protectorado español de Marruecos, hasta 1956, y muchos de sus habitantes tienen el castellano como segunda lengua.

EL OUENSSER

Cerca de Tetuán, seguimos la carretera que se dirige al interior y llegamos a la villa de El Ouensser. Rodeada de un paisaje único, en las exuberantes montañas del Rif. La villa está habitada por yebalas, reconocidos por sus coloridas ropas y singulares sombreros. Tras comer y tomar el té marroquí de rigor, ponemos dirección a una de las ciudades más bonitas de Marruecos.

CHEFCHAOUEN

Después de dos horas a través de una sinuosa carretera paralela a las montañas del Rif, y en la que fuimos testigos de algún que otro accidente, en el corazón de la cordillera nos encontramos con la ciudad azul de Chefchaouen.

Con todas las casas pintadas de azul parece de otro mundo. En invierno permanece nevada, así que me puedo imaginar la estupenda postal. Aprovechamos para sacar unas bonitas fotos y perdernos por sus calles azules llenas de gatos espontáneos. La gente allí es especialmente amable, se respira tranquilidad y puedes comprar sin los agobios de otras ciudades de Marruecos.

Durante siglos fue considerada sagrada y los extranjeros tenían prohibido el paso. Fueron las tropas españolas las que abrieron la ciudad para instaurar el protectorado español de Marruecos, allá por el 1912.

Buscamos un riad donde pasar la noche y levantarnos pronto para visitar las cascadas cercanas.

CASCADAS DE AKCHOUR

A media hora de Chefchaouen nos encontramos en el parque natural de Talembote. Aparcamos la moto y después una buena caminata llegamos a un entorno virgen con saltos de agua y piscinas naturales. Tras comprobar que el agua estaba helada y disfrutar el tradicional almuerzo marroquí cocinado con carbón, volvemos a Banyan Tree deshaciendo el camino andado.

TÁNGER

Alrededor de una hora después de conducir entre parajes montañosos nos encontramos en la bulliciosa ciudad de Tánger, la puerta de África, donde pasamos parte de la mañana visitando la vieja fortaleza y su zoco. El viaje llegaba a su fin, pero no antes sin visitar las Cuevas de Hércules, famosas por su salida hacia el mar con la forma de la silueta del continente africano, un espectáculo al atardecer.

De camino a Ceuta y otra vez en la frontera, nos dimos cuenta de otra realidad y de la suerte que tenemos de poder coger una moto y de disfrutar durante cuatro días de pura libertad, y del cierto toque de aventura que tiene perderse sobre dos ruedas en un país como Marruecos.