On the Road: Thailandia.

Para algunos, la vida se ciñe a unas costumbres, unas personas y un par de momentos intensos. Para otros, su vida es el horizonte y los caminos que te lleven a él, no importa cuáles. Para Raúl Sanz, ese confín es la India, a la que lleva viajando cada año desde el 2004.

Siete años atrás, creó Indiaenmoto.com y, poco tiempo después, se aventuró a guiar a todos aquellos dispuestos a descubrir con él las bondades, regiones y la cultura de la India. Hace un año, Rakatanaga Tour abrió uno de esos caminos, en

la vida de Raúl, con destino a los países asiáticos. En esta ocasión, nos presenta Tailandia, un país con gran pasión por el motociclismo, aunque, desde luego, el concepto de las dos ruedas queda bien distanciado del que tenemos en Occidente.

No es necesario pasar demasiado tiempo en tierra tailandesa para darse cuenta de la gran afición que sienten por el tuning… y, casi en igual o mayor medida, el ruido. ¿Qué transforman? Les da igual, desde el tradicional tuk tuk hasta los autobuses. Con gran acierto en ocasiones.

Las avenidas de Bangkok no parecen ser de nuestro tiempo. Varios niveles de circulación, algunos llegan a las cuatro alturas, por los que discurre un parque automovilístico variopinto y extraño al ojo occidental.

 

A diferencia de otras culturas de preparación, la tailandesa no busca la nota clásica, sino lo opuesto. Este no es sino uno de los muchos ejemplos que podría citar y, aun así, deja muy claras las tendencias. Ha de ser llamativa y colorida, y qué mejor que una estética manga junto a un poco de tatuaje New Old School.

Ya encima de la moto, nos esperan 2 400 km a lo largo del norte del país. Para nuestra agradable sorpresa, descubrimos que el trazado de las carreteras es más propio del dibujo de un niño que juega a imaginar una carretera increíble que el de un ingeniero. Divertidas curvas, como sentarse en una montaña rusa. Nos encontramos con la mítica carretera Mae Hong Son, 1 864 curvas en menos de 240 km.

 

 

 

Tailandia acoge una diversidad racial muy rica gracias a las diferentes tribus que pueblan sus tierras. La más conocida y fotografiada es, posiblemente, esta, la de los Long Neck o cuellos jirafa. Toda una aventura llegar hasta uno de sus poblados entre montañas, al que solo se puede acceder gracias a una pista sin asfaltar. Esta buena gente, que acoge al viajero con su sonrisa, vive una situación difícil con la escolaridad de sus hijos. Es complicado lidiar con estas necesidades en sus condiciones y con el factor turístico.

 

Este país es un espectáculo de paisajes, flora y fauna. Cuando, a cada paso o kilómetro en la moto, encuentras todas estas maravillas, se hace imposible no desear parar constantemente para capturar ese momento.

 

Podemos contemplar el famoso Triángulo del Oro, el punto exacto en el que coinciden las fronteras de Tailandia, Birmania y Laos. El Golden Triangle lo encontraremos en la provincia de Chiang Rai, a orillas de los ríos Mekong y Ruak. Históricamente, fue una tierra en la que predominaba el cultivo del opio.

 

El Templo Blanco es el contrapunto al resto de los templos tailandeses. Solo poner la mirada en él ya nos hace darnos cuenta de su condición de obra de arte fuera de los cánones establecidos Wat Rong Khun es un templo hinduista y budista de construcción reciente, que empezó en 1997.

 

A pesar de que el templo aún se encuentra en fase de construcción, ya es plenamente visitable. La mente responsable del Templo Blanco es Don Chalermchai Kositpipat, quien ha dado rienda suelta a su imaginación con todo tipo de esculturas y frescos. El nivel de detalle es estremecedor.

La fecha en la que se dará por terminado el templo todavía no está establecida. La sala principal no es muy espaciosa y para llegar a ella debe cruzarse un pequeño puente rodeado de brazos y manos alzados al cielo. Los dedos se retuercen de sufrimiento pidiendo ayuda. Kositpipat quiere explicar con estas figuras el principio por el cual solo se llega al cielo a través del padecimiento en vida.

 

 

Todas las grandes cascadas son de visita obligada en mis viajes. En este caso, es la llamada Vachiratharn, donde pudimos refrescarnos en nuestro caluroso camino hasta tierras más altas.

Los elefantes son todo un reclamo para el turista que nunca ha visto un paquidermo en su hábitat. Elegantes y majestuosos, nos recuerdan su poder con cada pisada que hace repiquetear las piedras a su alrededor. El mayor espectáculo sería verlos en libertad.

El budismo es la religión mayoritaria del país. Casi el 95 por 100 de la población forma parte de sus adeptos. Su filosofía se sostiene en cuatro verdades fundamentales: la existencia es sufrimiento (la verdad del sufrimiento), el deseo provoca el sufrimiento (la verdad del origen del sufrimiento), elimina la causa del sufrimiento y el sufrimiento dejará de existir (la verdad de la extinción del sufrimiento) y el camino de las ocho vías es la forma de eliminar el deseo (la verdad del camino).

Vencida la montaña, encontramos la recompensa esperada. Los mejores emplazamientos, lejos de las aglomeraciones, albergan algunos de los templos más interesantes de la nación.