Pescara: GP de 1957

El circuito de Pescara poseía un aura especial. Pertenece a aquella época en la que los pilotos llegaban con sus propios coches a las carreras, compartiéndolos si era necesario. Competidores en la pista en la que se jugaban la vida y, muchas veces, amigos fuera de ella. Auténticos valientes, quizá inconscientes hechos de otra pasta. Los treinta y cuatro inscritos en Pescara, en 1957, hicieron historia.

El 18 de agosto de 1957, bajo un sol de justicia, se dieron cita casi 300 000 personas en un pintoresco pueblo de la costa adriática. En esta ocasión, no solo se trataba de festejar Ferragosto, la fiesta mayor de Pescara. Los allí reunidos querían ser testigos de un acontecimiento único: por primera y última vez, se celebraba el Gran Premio de Pescara de Fórmula 1, tras las cancelaciones de los grandes premios de Bélgica y los Países Bajos. Así, aquel año, fue el primero en que la categoría reina tuvo en su calendario dos pruebas llevadas a cabo en el mismo país: el mencionado Gran Premio de Pescara y después, el 8 de septiembre, el Gran Premio de Monza.

No era la primera carrera que se disputaba en aquel bello pueblo, que más tarde sería la cuna de Jarno Trulli. En Pescara se corría, desde 1924, la Coppa Acerbo. Gran Prix que se disputaban los Alfa Romeo y competidores desde antes de la guerra (y que se siguió disputando hasta 1961). Gran Prix en el que venció como piloto Enzo Ferrari en más de una ocasión, siempre a la gresca con Tazio Nuvolari.

Pero esto no era lo mismo. Los presentes, llegados desde todos los rincones de Italia y del resto del mundo, eran conscientes de que, aquel verano de 1957, estaban haciendo historia. El ambiente era inigualable. Cuando llegó el momento, la parrilla de salida vibraba.

Stirling Moss pilotaba para Vanwall, con el número 26. Todos los espectadores estaban ansiosos de espectáculo… ¿Podría el británico repetir el éxito de Aintree? Junto al piloto del momento, en las primeras posiciones, se encontraban Juan Manuel Fangio, luciendo el número 2 en su Maserati 250F, y Musso, con un Ferrari 801. Aquel fue el único Ferrari inscrito a consecuencia de una de las —frecuentes— rabietas de Enzo Ferrari. Luigi Musso quiso aprovechar la oportunidad de optar a la segunda plaza del campeonato por detrás del mismísimo Fangio, así que alineó su Ferrari como coche privado, con el número 34.

El Cavaliere había retirado sus coches poco antes de celebrarse la carrera, tras ver cómo había tratado la prensa el accidente mortal de Alfonso de Portago con su Ferrari 335S en la Mille Miglia, que también se llevó la vida de diez espectadores (entre ellos niños). Aquello supuso el final de la prueba.

La carrera fue realmente dura, pues Pescara es el trazado más largo que ha albergado un Gran Premio de Fórmula 1, con casi 26 kilómetros de longitud (sí, has leído bien, era mayor que Nordschleife). Stirling Moss adelantó al por entonces campeón del mundo en la segunda vuelta y lucharon, kilómetro tras kilómetro, durante más de tres horas. A falta de unas vueltas para terminar, Moss para en boxes a repostar, con Fangio a dos minutos.

Al salir aprovecha para saludar y, de paso, hacerse con el récord de vuelta, rondando los nueve minutos. Pero no se relaja, ni se deja amedrentar por el acoso de Fangio. Dieciocho vueltas y algo más de 460 kilómetros recorridos tras el pistoletazo de salida, Stirling Moss se hace con la corona de laurel. Aquella fue la primera vez que Gran Bretaña se llevaba dos victorias en la misma temporada.

El circuito de Pescara albergó su última carrera en 1961, momento en el cual los organizadores decidieron cerrarlo debido a las dificultades existentes para garantizar la seguridad, tanto de los pilotos como de los espectadores. Aquellas carreras, que parecen de otro mundo, simplemente eran de otros tiempos. Tiempos de Nordschliefe, Spa, Targa Florio, Brands Hatch, Montjuic, de los que solo ha salido airoso Le Mans.