Restorations. El renacer de un mito. AlpineLAB.

Poseer, conducir, oler, sentir un Alpine A110… tal y como salió de fábrica es el sueño cumplido de Jürgen Clauss, que trabaja en solitario desde hace décadas, rescatando historias y restaurando cada uno de los muchos y maravillosos detalles que encierra una de las máquinas más especiales y más bellas del mundo.

Cuando apenas era un chaval, Jürgen Clauss seguía los pasos de su padre y participaba de vez en cuando en carreras de montaña. Pese a que este había crecido en las cercanías del circuito de Solitude (al oeste de Stuttgart) y acudía de tarde en tarde a disfrutar de los eventos deportivos allí, para él y para su familia, las bicis eran lo más importante. Padre e hijo estaban totalmente volcados en el ciclismo. Para ellos, los héroes de la carretera eran hombres como Francesco Moser, Eddy Merckx, o Raymond Poulidor, hasta que algo cambió.

Algunas de las ocasiones en las que salía a entrenar por las carreteras de montaña de su Alemania natal, Jürgen se cruzaba con un Alpine A110. Él no tenía idea de coches por aquel entonces, pero el sonido y la belleza tan particular de aquel pequeño coche le llamaron poderosamente la atención. Fue algo mágico, casi como un flechazo. Por supuesto, en ese momento, no podía permitirse un A110, pero se prometió a sí mismo que algún día tendría el suyo.

Tuvieron que pasar unos diez años hasta que, a mediados de los 80 y con apenas 27 años, por fin, pudo cumplir su promesa y comprarse un Alpine tras vender su Golf GTI. Era una versión normal de calle, un 1300 VC. Aparentemente no tenía nada de especial, sin embargo, acabó por desatar una pasión por la Berlinette en Jürgen que, a día de hoy, ni ha sabido ni ha querido parar.

Este fue su primer Alpine A110, y su primera restauración. “Aprendí haciendo. Tardé casi tres años en dejar el coche como estaba el día que salió de fábrica, pero era completamente fiel al original. Estuvo en mi poder durante casi veinte años”. En los 90, creó su compañía. 

Al mismo tiempo, desataba su pasión al volante en algunas carreras como rallies de regularidad o las llamadas Hillclimbs. Casi al final de la década, ya contaba con una colección de unos ocho o diez Alpine A110 de calle. Todos completamente restaurados por él. En 1999, decide vender su primer coche para conseguir financiación y poder continuar con su hobby. Por supuesto, apareció comprador inmediatamente. Entonces, y gracias al reportaje de una revista alemana, conoce a un coleccionista suizo, que le invita a visitar personalmente su enorme garaje repleto de Alpines y le encarga la restauración parcial de uno de sus A110 de competición.

A partir de aquí, Jürgen comienza a especializarse cada vez más rápido. Las versiones de calle ya no encerraban secretos para él. Así, decide empezar de cero con las versiones de competición. Toneladas de fotos y documentación, horas de investigación, vídeos, búsquedas… Todo lo que fuera necesario para poder devolver cada uno de los coches que pasaban por sus manos a su estado original. Pieza a pieza, de manera completamente artesanal… y él solo. Ni cuenta con el respaldo de un equipo profesional, ni lo necesita.

“Conozco cada una de las piezas de un Alpine A110. Para mí, todas ellas son como pequeñas esculturas dentro de una gran obra de arte. Por eso, trato de devolver cada coche que restauro a su estado original, sea cual sea el estado de conservación en el que lo encuentro. Por supuesto, no se trata de un coche perfecto. Así que las únicas licencias que me permito son los pequeños ajustes… como, por ejemplo, a la hora de que encajen las puertas exactamente donde deben encajar. O si,

por ejemplo, el cuerpo del coche está muy dañado, en lugar de reemplazarlo por uno nuevo, reemplazo todas las secciones afectadas. Es mucho trabajo, pero cuando por fin queda reparado, el espíritu del coche sobrevive”.

La primera versión de competición que compró para su colección la encontró en Alemania, completamente modificada. La desmontó por completo y tardó de nuevo unos tres años en encajar todas las piezas y dejar el coche tal y como salió de fábrica.

“Yo quería a toda costa encontrar una versión de competición como un 1600 S. La investigación para encontrar aquel coche me dejó pistas sobre otro… y así, de uno a uno, los voy encontrando. Es una labor muy dura, que no siempre sale bien. A veces, el coche está casi irreconocible, otras el dueño no quiere venderlo o es demasiado caro… Muchas veces he realizado largos viajes tras la pista de un coche y he vuelto a casa con las manos vacías. Pero cuando por fin me hago con un coche de competición original, con su particular historia que contar, todo merece la pena. Y eso es solo el principio. Después, trabajo mucho para restaurar cada uno de sus detalles y poder devolverle la gloria de su estado original”.

Alemania, Austria, Bulgaria… No hay fronteras para Jürgen cuando se trata de conseguir un coche. “Nunca me planteé hacerme con más de uno o quizá dos coches, pero no puedo resistirme cuando encuentro algo interesante”.       

Tenaz, minucioso y ordenado. Trabaja con un rigor contundente y una delicadeza extrema, que hacen posible sus impresionantes resultados. Pero Jürgen no es un simple restaurador. Su trabajo es su pasión, su debilidad… y su adicción. Y él es el único en el mundo capaz de hacerlo.

Se toma el tiempo necesario para crear modelos a escala 1:1 completamente fieles a los originales, y por muchas complicaciones que haya encontrado hasta aquí, sencillamente, nunca se ha planteado dedicarse a otra cosa. Es un privilegio estar ante un genio de tal envergadura. “Miro hacia atrás y me doy cuenta de que he recorrido un largo camino. Cuando entro en mi garaje y veo mis coches, me sorprende que hayan pasado ya 30 años. Todavía me gusta observarlos, conducirlos y trabajar en estos coches todos los días, como si fuera el primero”.