Triumph Speed Twin

Triumph presenta una neoclásica más. Sí, otra más. Pero esta llega con todo el derecho a ganarse un lugar entre las grandes. La Speed Twin es un pepino con todas las letras: ofrece prestaciones brutales, es muy fácil y divertida de conducir y les ha quedado chula de pelotas. Estética custom moderna, motor generoso como pocos y todos los ingredientes para petarlo allá donde la quieras disfrutar.

Vivimos tiempos líquidos y rápidos. Todo crece, todo cambia y ya nada es seguro. Tal vez, es por esto que lo vintage está tan de moda. Buscamos la seguridad de lo conocido y el confort de lo familiar. Nos gustan las cosas que nos provocan nostalgia. Volvemos a venerar objetos olvidados e introducimos toques retro en cosas nuevas. El garaje de mi tío está lleno de mierdas que lo petan en eBay. Aunque hay quien dice que todo vuelve siempre, y que el mismo hecho de recuperar lo antiguo no es nada nuevo.

El caso es que a muchos nos mola que nuestras cosas nuevas tengan un corte clásico. Lo mejor de dos mundos, ¿verdad? Pues sí, porque está muy bien restaurar una clásica —cosa muy entretenida y didáctica que recomiendo de verdad—, pero también queremos disfrutar de la seguridad, el confort y las prestaciones de la tecnología moderna. Las marcas lo saben y hace años que están plagando el mercado de diseños neoclásicos, y si hay alguien que le está dando sopas con honda a la competencia en esto de las neoclásicas, esa es Triumph.

Su gama de Modern Classics acaba de aumentar con la llegada de la Speed Twin. Si te descuidas, puede parecer una más del catálogo. Encima, la han bautizado uniendo dos medios nombres de dos de sus hermanas. La gente se va a hacer un lío entre la Speed Triple, la Street Twin y esta nueva Speed Twin. Pero da igual, es mucho mejor que el baile de siglas de las japonesas en los noventa. Que cuando algún Oldschool empieza con la retahíla de motos que ha tenido, parece que está jugando al Hundir la flota.

La Speed Twin monta el motor Boneville HP de 1 200 cc con el mapa de inyección de la Thruxton de 97 CV, pero es 10 kilos más ligera que la Thruxton y, en general, más moderna y con una posición de conducción mucho más cómoda. El motor es muy elástico, con mucho par, y empuja (mucho) en todo el rango de vueltas. El conjunto de chasis y suspensiones es marcadamente deportivo y los frenos Brembo de doble disco flotante tienen un tacto progresivo y seguro. En líneas generales, las prestaciones de la moto son deportivas de alto copete.

Pero bueno, voy a centrarme porque a mí me han dejado la moto para dos cosas: para que os intente transmitir mis sensaciones con ella y para que os diga si mola o no mola, y no me voy a perder en especificaciones técnicas, porque no es mi rollo. ¿Recordáis cuando aquel amigo os recomendó otro grupo de rock? Piensas que es más de lo mismo y de repente ¡booom! Royal Blood está en tu vida. Creías que el Synthwave estaba quemado y un día aparece Gunship y te quedas loco. Pues así es esta moto. Es una vuelta de tuerca más, sí, pero una que está bien dada.

Cuando llegas a la Speed Twin, lo primero que resalta es que es una moto bonita… ¡muy bonita! Tiene una mezcla equilibrada entre lo clásico y lo moderno y algún toque custom garajero, que se puede apreciar en cosas como los guardabarros (y otras piezas) en aluminio cepillado o los escapes en negro. Es una estética manufacturada, sí. Aunque les ha quedado redonda y se parece mucho a las motos custom a las que llevamos dándole like en Instagram el último par de años.

Tiene un rollo musculoso que a mí personalmente me gusta mucho, y que te recuerda que estás ante una moto con empaque. Además, los acabados y los materiales son excelentes y está toda bien alicatada hasta el techo.

Una vez en marcha, empieza lo bueno. Rodando tranquilo por los planos hacia las montañas, la moto es suave y cómoda. No es especialmente alta, y si eres alto como yo (1,86 cm), puedes creer que te va a quedar pequeña. Pero el manillar elevado y las estriberas bajas hacen que la postura en marcha sea sorprendentemente cómoda. El cambio es preciso y el acelerador sensible pero no brusco, así que se puede ir suave muy a gusto.

En el momento en que llegan las curvas y apetece pedirle algo más, la moto responde muy contundente y controlado. Y hago hincapié en esa combinación de contundencia y control porque la impresión que me llevo es que es muy fácil ir muy rápido en esta moto. Es ágil en el cambio de dirección, ofrece mucha potencia con control y una parte ciclo que muestra aplomo y seguridad. No cabe duda de que es una moto marcadamente deportiva, pero noble y predecible. El motor es muy fácil de exprimir, con mucho par, una entrega muy lineal y tres mapas de potencia. Me ha resultado muy divertida y me inspira mucha confianza. Todo un juguete.

Me ha gustado tanto que he aprovechado cada recado para darme una vuelta larga con ella y he rescatado los botines, la mochila y la chupa de cuero para disfrutar de la experiencia al completo. Mención especial al sonido grave, ronco y emocionante, que añade goce al conjunto. En ciudad, he echado de menos un radio de giro un poco más corto. Pero es peccata minuta que se olvida cuando te ves en un escaparate con ella. Es cierto que no es la montura más práctica del mercado, o la más versátil, pero hace una cosa y la hace bien: la Speed Twin ha nacido para molar y mola un huevo.

Si valoras el estilo y no quieres renunciar a las prestaciones, prepárate para disfrutar de muchos días de curvas, sol y terraceo con este bombón.

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